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Por el doctor, profesor Omar Breglia Arias.

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Richard RAMÍREZ

                                          “El  atacante nocturno”

 

                             UN HOMBRE REALMENTE RARO.

 

 

 La persecución por las calles de Los Ángeles, California, duró casi veinte minutos.  El sujeto, un hombre muy alto y delgado, era veloz y escurridizo, y a medida que corría se iban sumando personas en su búsqueda. Una multitud presenciaba, en los distintos tramos de la huida, el espectáculo. Y pocos sabían quién era el que corría adelante.

 Era uno de los criminales más raros de los que han formado la historia de los asesinos seriales de los EE.UU. A diferencia de lo que es común entre estos asesinos, este hombre tenía un tipo particularmente extraño e intimidante.  De pómulos muy altos en una cara latina y triangular, oscura, con una mirada profunda y salvaje en sus ojos rasgados que se levantaban hacia las sienes. Lo curioso era que el rostro era diabólico y al mismo tiempo marcadamente femenino, a tal punto que en alguna de sus fotos, con su abundante cabello que le enmarcaba la cara, como un halo, espesamente, se parecía a un travesti. Pero no lo era.

Llamado “The Nigth Stalker”, “El atacante nocturno”, la policía tardó mucho tiempo en detenerle. Y cuando lo detuvo la sorpresa fue creciendo. Este hombre se decía protegido por el demonio, se burlaba de todos, insultaba a sus jueces, carecía de arrepentimiento y de culpa, y mostraba hacia el público que rodeaba el lugar de entrada a su juicio, un hocico de animal monstruoso, de una crueldad que nadie ha expresado mejor entre los seriales. Su rostro tenía la ferocidad de una negra pantera. Y sus palabras y sus gestos eran hirientes,  y descontrolados.

Lo que era igual en los actos asesinos del atacante nocturno,  es que no tenían nada de igual, es decir,  con los de otros asesinos de la historia criminal de EE-UU.  Mantenía  una gran diferencia. El mataba, mataba y mataba. Lo hacía de cualquier forma. Con un bate de béisbol, cuchillos, y varios tipos de pistola.  No elegía, no discernía, no tenía inclinaciones ni preferencias. El rango de edad de sus víctimas era variado. El sexo, lo mismo. Atacaba a cualquiera en las calles y en las casas, adonde entraba al menor descuido. Techos, ventanas cerradas, cercas de protección, todo cedía por alguna parte. Al principio, sólo golpeaba y violaba, dejando incluso a la mayoría de sus víctimas con vida, pero después se hace más sádico, como por ejemplo en el asesinato de una joven. La violó, le sacó los ojos con una cuchara, mató a la chica después y envió los ojos a la casa de la muchacha, al día siguiente.

Atacaba en la oscuridad de la noche. Nadie estaba a salvo. Todo le era indiferente o insuficiente. Y no dejaba  señales rituales en la escena del crimen. Salvo lo que pasó después: un pentágono pintado con el rouge de una asesinada. Pintado en el cuerpo exánime de la mujer, y en la pared. El signo de Satanás, y un número simbólico que correspondía, el 666.

                    

                        LOS ÁNGELES… OTRA VEZ ESCENARIO.

 

Los Ángeles volvió a conmoverse. A quince años del asesinato de Sharon Tate, la hermosísima  mujer  del famoso director de cine, Polanski, y de cuatro amigos, y días después, del matrimonio La Bianca, el demonio estaba presente otra vez en los asesinatos, como había estado asociado con Charles Mason. La presencia demoníaca  había sido indiscutible, aun para los descreídos, en aquellas muertes, y sobre todo, en el manejo de las jóvenes asesinas que Mason había hecho, y seguía haciendo, desde la cárcel. ¿Cómo explicar sin el demonio, aquellos crímenes y aquella sumisión? ¿Cómo explicar la conducta del atacante nocturno, sin el diablo? Toda Los Ángeles volvía a sentir el imperio de Satanás. Y estando ya preparada para creer en él, volvió a hacerlo. Luego de esto, toda Los Ángeles se puso a temblar.

Un investigador  dijo: “trabajábamos 16 a 18 horas por día. No hacíamos otra cosa que trabajar. Los siete días de la semana. Y comer mal y dormir mal, en la búsqueda de este asesino”.

El 28 de junio  en 1984 el diablo hace su aparición. Jeanie Vincow de 79 años fue atacada en su pequeño departamento de la calle Glassel Park, en Los Ángeles. Mata a la mujer y la viola.  Le da tantas puñaladas en el cuello que la cabeza estaba semidesprendida del tronco.

Un año después, el 17 de marzo de 1985, casi a la medianoche, María Hernández llegaba de su trabajo y aparcó el auto cerca de la puerta de su casa de departamentos. Al abrir la puerta del vehículo, se encontró con un hombre alto, vestido totalmente de negro, y de aspecto feroz; los ojos, asustaban. Y había una expresión como de asco en su cara. De asco a la humanidad.

Sostenía una pistola en su mano. La mujer le rogó que no le disparara. Y el atacante nocturno igual lo hizo. Automáticamente, la mujer se había protegido el rostro con la mano. Esto es inútil como defensa, desde ya. Pero esta vez la bala pegó en la llave que la mujer sostenía y se desvió hacia el auto., donde hizo una profunda marca. Entonces, la mujer cayó al suelo y simuló estar muerta. El asesino pensó que la había matado.  Subió inmediatamente al departamento y mató a la empleada de María, Dayle Okazaki, de 34 años. La muchacha había escuchado el disparo y se había escondido detrás del aparador de la cocina. La curiosidad la perdió. Quiso saber qué estaba pasando. Levantó muy lentamente la cabeza;  y el asesino le disparo en el acto. La bala le pegó en el medio de la frente. Dayle estaba muerta cuando llegó al piso.  

La cacería humana del asesino no paró. En realidad era la cacería humana más grande de la historia. Esa misma noche mató de nuevo, 45 minutos después, en Monterrey Park, a unos 16 kilómetros de distancia,  siguió con su auto a otro, que conducía Tsai-Lian Yu, una estudiante de leyes de 30 años. Ella se dio cuenta que la estaba siguiendo, bajó del auto y lo  interpeló. Hubo una corta discusión. Y el asesino bajó de su auto y  le disparó dos veces. Ella estuvo viva durante dos días. Luego, murió.

En ese momento los expertos compararon las balas, y se dieron cuenta que estaban todos los casos conectados. Casi seguramente era  un asesino serial. En ambos casos se utilizó una pistola, de calibre 22.

 

                                     EL ARMA DESCARGADA.

 

Diez días más tarde, el 27 de marzo, el asesino atacó nuevamente. Los detectives a cargo eran el famoso Frank Salerno y Gene Carillo, que era un ex detective de narcóticos incorporado a homicidios. Esta era su primera causa, ahí. 

Días después del triple asesinato, el atacante nocturno se presentó otra vez. Entró en la casa de Vincent y Maxine Zassara.  Vincent Zassara se había quedado dormido en su sillón, viendo  televisión. Era un contador jubilado, que tenía dos locales de venta de pizza.  Pasó, a balazos del sueño a la muerte, sin  solución de continuidad.  Máxime, su esposa, escuchó los disparos y corrió hacia el comedor. El asesino la amenazó con el arma y la ató. Mientras el atacante nocturno saqueaba la casa, la mujer se soltó. Corrió a su alcoba y buscó un arma que tenía debajo de la cama. Cuando el asesino volvió,  gatilló  dos veces contra él, pero no había balas. Esto puede haber desencadenado más furia homicida en el criminal, pues el cadáver de Maxine presentaba varias heridas profundas en el cuello, abdomen y área perineal, así como una gran herida en forma de T, en el seno izquierdo. Pero, además, el criminal… le había sacado los ojos. Trató de cortarle los pechos y no lo consiguió, y entonces le extrajo los ojos con un cuchillo que encontró en la cocina,  Ella se había resistido y esto lo estimuló para ser aún más cruel.

 

Los investigadores se dieron cuenta que el asesino nocturno quería tener poder y ejercerlo. Asustar, torturar, atormentar y matar. El control de la víctima era lo que le gustaba. Ello aumentaba su ego. Los policías se encontraban con diferentes tipos de víctimas y donde el arma utilizada cambiaba constantemente. Esto hace que la policía deba estudiar cada delito, como si proviniera de alguien diferente. Y dificulta totalmente la investigación, que es mucho más compleja. Uno no puede establecer un vínculo, que en realidad existe.

En el asesinato de Vincent Zassara, y sobre todo, en el de la mujer, Maxine, por primera vez, el atacante nocturno se había excedido. El exceso ocurre cuando el autor del delito practica en la víctima  diversas formas de tortura que van más allá de lo que se necesita para matar a las personas. Los investigadores estaban desconcertados con esta nueva actitud del atacante. Le había extraído los ojos a Maxine.  Era una persona, Maxine, que lo había hecho sentir como víctima, y no como victimario.

Los Ángeles es una ciudad hermosa y las ciudades que la rodean también lo son. Es la segunda ciudad en importancia de los su nombre. El furioso camino del atacante nocturno era el centro de la vida de esa enorme ciudad. En 1985, todo el mundo estaba preocupado. La gente se iba de sus casas, si podía. y se establecía en casa de sus amigos o familiares, lejos de Los Ángeles.

El 24 de mayo entra en la casa de la familia Wu. Mata al marido y ata a la mujer, de 63 años. Luego el asesino revisa los cajones. Antes de irse, viola a la mujer.

 

 

                                LA INEXISTENCIA DE UN PATRÓN.

                                   

 

Observando las balas y los cartuchos hay mucha información que puede obtenerse. La policía ante un sujeto de tanta peligrosidad estaba realmente preocupada. El asesino no tenía un patrón de trabajo. Esto hacía muy difíciles las cosas. Más que nunca. Los investigadores dicen que no recuerda un caso así y probablemente no habrá otro. Los detalles escabrosos de sus tropelías estaban en todos los diarios del país. En sus portadas. 

La policía dijo: cuando se habla de un asesino serial, éste mata a prostitutas, a mendigos o a mujeres hermosas que pasan por las calles, o a niños, o a homosexuales, o a gente que hace autostop en las rutas. O mata a parejas que se encuentran intimando dentro de automóviles estacionados. Cada serial tiene “su especialidad”. El caso del atacante nocturno era distinto. Mataba en cualquier momento, sólo que preferentemente a la noche. Pero mataba a cualquier persona. Aun cuando las casas estén cerradas. La matanza indiscriminada de seis meses del asesino nocturno provocó un caos en toda el área de Los Ángeles.  Y también en San Francisco.

Unos días después, el 29 de mayo de 1985, el atacante mata a las hermanas Malvia Keller y Blanche Wolf, de 83 y 80 años, respectivamente. Esa noche  el asesino siguió lo que después los investigadores determinarían como  una rutina suya: consumir drogas, ver pornografía, y tener sexo con una prostituta. Y luego, salir a matar. 

 Las hermanas fueron muertas a martillazos. Hasta el mango del martillo estaba roto cuando lo encontró la policía en la escena del crimen. Un martillo tiene que haber sido usado muy salvajemente para que se rompa. En el cuerpo de las hermanas, los policías encontraron un pentágono dibujado con lápiz labial. Era el signo del demonio…otra vez. El pentágono es un símbolo común en los rituales satánicos.

Luego, el 30 de mayo atacó de nuevo, ahora introduciéndose  en la casa de la señora Ruth Wilson, de 41 años, que vivía con su hijito de 12 años. La mujer se despertó en medio de la noche y se encontró con un arma apuntándole a la cabeza. Luego el asesino tomó al niño como rehén y le pidió dinero a la mujer. Esta dijo donde hallar una joya de mucho valor y lo condujo al armario, y pensó que ello sería suficiente; pero estaba equivocada. Después el atacante encerró al niño en el baño y ató a la mujer en su dormitorio; la violó, por ambas vías.

Las víctimas que pudieron hablar, antes y después de este caso, dijeron  que el atacante tenía un espantoso olor corporal y un aliento que hablaba de descomposición; no podía ser tan especial, tan acre e  insoportable, si era simple mal aliento, si era…humano. Otra vez estaba el propio Satanás en escena.  También la mujer, mientras el hombre la violaba salvajemente, olió eso. Se animó a decirle al atacante que debía haber tenido una vida muy triste para haberle hecho lo que le hizo. El atacante le respondió que ella se veía muy bien para su edad, y que le perdonaba la vida. Fue una excepción  inexplicable. La mujer y el niño pudieron contar lo que vivieron. La policía tenía, ahora,  otra descripción que coincidía.

El 14 de Abril atacó nuevamente. Cuando uno escucha acerca de asesinos en serie sabe que nunca puede conjeturar lo  que ocurrirá. Era esta vez un matrimonio, con la esposa incapacitada, Lilian Doyle. El esposo, William Doyle,  fue ejecutado en su cama. Pero en este último caso el asesino cambió su rutina: dejó un testigo, que era la mujer, incapacitada Por su propia incapacidad  no pudo resistírsele. Y esto la salvó.

Pero en este caso, el asesino dejó una huella, a más de una víctima viva. Esta huella, en la tierra del jardín, correspondía a unos zapatos que no había entrado al país desde Febrero de ese año. Sólo habían entrado  unos cinco pares de esos zapatos deportivos. Pero el dueño del local no pudo recordar quien lo había comprado. Los investigadores se lamentaron de su suerte.

El 27 de junio el atacante nocturno violó a una niña de seis años en Arcadia. Un día después, mató a Patty Elaine Higgins, que fue encontrada degollada El 2 de Julio mató a Mary Louise Cannon, de 75 años. Y el 5 de Julio atacó a Dreide Palmer, de 16 años, pero no la mató. 48 horas después, una mujer de 61 años, fue muerta en su departamento de Monterrey Park.  Esa misma noche una mujer de 63 años, Linda Fortuna fue asaltada por el asesino. Quiso violarla, pero no pudo mantener la erección; se puso furioso, no la mató y se fue.

Los asesinatos se siguen sucediendo durante Julio y Agosto. El matrimonio de Maxson y Lela Kneiling, de 66 años, en Glendale. Los cuerpos aparecen terriblemente mutilados. La hija, dijo: “entré por la puerta de atrás, En su dormitorio estaba mi padre, prácticamente decapitado. A mi madre le habían disparado en la cara. Parecía que el rostro había desaparecido. No estaba más; era una masa sangrienta”.

Luego, un matrimonio asiático. El marido, Chita Assawahem fue muerto y su mujer Sakima, y su hijo, de ocho años, fueron violados. El hecho de que el atacante nocturno a veces no pudiera concretar la violación, por no lograr una erección, y en otros casos, violara a dos personas, seguidamente, hace ver que estaba tomando drogas en el momento de sus incursiones asesinas. A la señora Kneiling no la había podido violar, como pasó con Linda Fortuna. Es un efecto de algunas de las drogas.

Uno de los investigadores dijo: “Nunca tuve un caso como éste, que me preocupara personalmente, por mi propia seguridad y la de mi familia”.

En el verano de 1985, Los Ángeles estaba atravesando una intensa ola de calor. Sin embargo, la gente no abría sus ventanas. Tenía miedo a todo. El 18 de Agosto el asesino robó un auto, tomó la autopista y fue al extremo de la ciudad. Mató a una pareja y se regodeó sexualmente con la mujer.

 

                                UN ERROR DE LA ALCALDESA.

 

Más tarde, el asesino  va a San Francisco. Allí aparece matando de la misma manera y dejando su signo de muerte y satanismo. La alcaldesa de la ciudad convoca a  una reunión de prensa. Y allí informa a los periodistas, ofreciendo una recompensa. Los investigadores de Los Ángeles estaban furiosos porque la alcaldesa le había entregado al público una cantidad de elementos que los detectives estaban reservando y que le servían a la investigación. Uno de los policías dijo: lo que hizo la alcaldesa era terrible. Si yo fuera el asesino habría dejado de usar una cantidad de cosas que eran nuestra pista para hallarlo. 

En agosto entra en la casa del matrimonio Petersen. Trata de matar al marido y éste, pese a estar muy herido en la cabeza,  lo persigue.  No lo alcanza. Y a ese ataque seguirá el del matrimonio Zía. Aquí como en otros casos, mata al hombre  y hace fantasías sexuales con la mujer.

Para ese entonces, las víctimas que habían sobrevivido habían hecho un retrato hablado del criminal. Este circulaba por todas partes. Como se verá después, el “retrato” nada  tenía que ver con el original.

 

                                        SE  OBTIENEN  DATOS.  

 

El 20 de Agosto ocurre, por fin, un caso aparte. Una pareja de novios es asaltada en su domicilio de Missión Viejo. Hiere gravemente al muchacho y viola a la chica. Cuando el atacante se va, la muchacha  se asoma por la ventana y ve que el auto es una “van”, color naranja. La Policía da la información y esa misma noche un muchacho adolescente, que arreglaba su bicicleta en el jardín, ve a la vagoneta y toma el número de su patente. El vehículo había sido robado en el barrio chino. Finalmente, lo ubican en un estacionamiento de un Mc Donalds, pero el asesino no vuelve al vehículo. Sin embargo, esto será muy útil. Cuando revisan el vehículo buscando huellas los investigadores llegan a un punto en que estaban desilusionados. Pero en un momento, uno de ellos, revisa el espejo y encuentra allí marcas dactilares. En esa época se estaba practicando con  un nuevo sistema de búsqueda de identidades en California.

 

                                 COMIENZAN A SABER SU IDENTIDAD.

 

Para ese entonces,  se presentó ante la policía una muchacha que dijo que su padre había conocido a un tipo llamado Richard, y dijo que esta persona hablaba que había matado muchas veces. Por otro lado, en un lugar de reventa de alhajas, se encontró una joya que los comerciantes manifestaron que la habían obtenido de un tal Ramírez. Ahora tenían el nombre completo: Richard Ramírez. Buscaron sus huellas, las compararon con las que habían obtenido del espejo del vehículo del Mc Donalds, y coincidían. Pertenecían a Richard Ramírez, nacido en 1960 en EEUU, pero de padres latinos. Fue bautizado como Ricardo Leyva. En 1985, tenía 25 años.

   

Siete días después del ataque en Missión Viejo, Ramírez intenta robar un auto. No advierte que el dueño estaba debajo del vehículo, arreglándolo. Se traba en lucha con él. El hombre se llamaba Faustino Piñón. Richard había puesto el coche en marcha, pero Piñón, un hombre seguramente muy fuerte, lo había tomado a través de la ventanilla y no lo soltaba, mientras el auto lo arrastraba. Fue en realidad cuestión de pocos metros. El coche atropelló unas bardas. Piñón consiguió sacar del auto a Ramírez y lo arrojó al suelo. El atacante nocturno se puso a correr.

Pero a partir de ese momento, un millón de personas tenían en su boca el nombre y el apellido del asesino.

Paralelamente, los investigadores habían estado profundizando  en la vida de Richard Ramírez. Tenía en su adolescencia y casi en su niñez, un primo. Mike. Este había sido combatiente en la guerra de Vietnam. Este sujeto le contaba las atrocidades que había hecho, en la guerra. Como Arthur Shawcross, otro famoso asesino serial, había tomado prisioneras a mujeres vietnamitas. Las había atado a un árbol. Y las había abierto en canal desde la garganta hasta la vagina, cuidando de que no murieran pronto. Semimuertas o muertas las había violado. Y había registrado en fotos esa conducta espantosa.

En la cabeza de Ramírez comienzan a circular estas imágenes de horror. Las repudia, pero le excitan. Ya están en él las fantasías que cuentan todos los seriales. La sangre y el sexo se vinculan. Es el más peligroso de los maridajes.

Un día, delante de Richard, la esposa de Mike, le reprocha a éste, su desidia, y que no conseguía trabajo. Mike saca el revólver y le pega un tiro en la cara, matándola en el acto. El juez lo manda a una institución psiquiátrica. Los estudiosos dirán después que este episodio tiñe toda la vida de Richard de una peligrosísima coloratura de sangre, violencia y muerte. En ese momento comienza una vida sin sentido, drogándose, y asistiendo a sectas donde se hacían sacrificios humanos, y se glorificaba al demonio.

Luego de ese momento en que se sabe la identidad del atacante nocturno, comienza una realidad diferente. Era un drogadicto y ladrón. Fue arrestado por robar autos. Estuvo seis meses en prisión. El no sabía que su fotografía se había publicado en cada periódico de Los Ángeles, ya que estaba fuera de la ciudad. Se registraron entonces todos los bus que venían de otra parte.

 

                                           LA PERSECUCIÓN.

 

Esa noche llega Ramírez, ve la vigilancia que existía, pero no sabe que era para él. Salió de la estación por el lugar por donde entran y salen los buses.  Camina  dos calles y entra en una licorería. Deja pasar un rato largo y sale. Y ahí es cuando una mujer dice a los gritos: ¡El asesino, el asesino..!.  Richard entra en pánico. Se sube a un bus.  Tratando de llegar al este de Los Ángeles. Tenía un hermano que vivía allí. Cuando sube al bus, varias personas lo señalan: ¡¡es el asesino, es el asesino!!  Se baja y trata de robar un auto, más de cuarenta patrullas y un helicóptero rodean el lugar. Corre por la autopista, va hacia la casa de su hermano. Una mujer que salía de un edificio de departamentos es atacada por Richard que trata de robarle el auto, pero fracasa.

 Ramírez estaba atrapado. Lo golpeó la multitud. Era una especie de linchamiento, a la manera de las viejas películas de vaqueros. En ese momento, lo arrestan. La policía había decidido intervenir para salvar la vida del criminal. Toda la estación de policía estaba rodeada de una multitud, gritando que lo soltaran para matarlo. La gente quería hacer justicia por sus propias manos. Dice Salerno: esa noche fuimos a hablar con él. Tratamos que conversara con nosotros. Estaba callado. Pero reconoció a Frank Salerno como el famoso investigador que había trabajado en el caso de los estranguladores de las Colinas, Kenneth Alessio Bianchi y Ángelo Buono. En ese momento, comenzó a hablar. Hablo de su padre que lo golpeaba mucho. Y de Mike con sus atrocidades en la guerra, con sus violaciones de jóvenes vietnamitas, a quienes mutilaba.

En un garaje del este de Los Ángeles, aparecieron en un auto de Ramírez, las armas que se identificaban  con los asesinatos. Luego de seis meses, de muchos asesinatos en Los ´`Ángeles y uno en San Francisco, el demonio sería enjuiciado por sus crímenes. Después de rechazar a varios defensores, Ramírez se decidió por dos abogados que no tenían experiencia en casos de pena de muerte. Desde el inicio hasta el final del caso no mostró arrepentimiento. Al final de la lectura de los cargos, que se hace al principio del juicio, se levantó de su silla y mirando hacia atrás a los periodistas le mostró la palma de su mano, donde tenía el pentágono satánico dibujado. También encerrado en su celda se cortó y dibujó con   su sangre el pentágono. Reía permanentemente, y se burlaba de los familiares de las víctimas. El recuerdo de Charles Manson se hizo patente.

Muchas mujeres aparecieron como admiradoras. La psicología de las mujeres que siguen y se encantan con los asesinos seriales es un caso especial de la psicología, que se repite invariablemente. Hasta tienen un nombre en EEUU: las llaman, Serial Killer Groupies.

Luego de 55 días de testimonios, 165 testigos y 650 evidencias, el juicio estaba llegando a su fin. Fue cuando la defensa se presentó. Eran los abogados  Daniel y Arturo Hernández.  Y pronto la inexperiencia de ellos se hizo evidente.

Ramírez no ayudaba. Se burlaba de todos o permanecía indiferente, o de pronto se ponía a gritar: “Viva Satanás”. Los fiscales dijeron que el material presentado por la defensa era confuso y equivocado. En un momento, corrió el rumor de que Ramírez, con un arma que conseguiría no se sabe cómo, mataría al Fiscal.

 

                                 CIRCUNSTANCIAS QUE ATERRORIZAN.

 

En otra oportunidad, hubo un corte de luz, todo quedó a obscuras porque era de noche ya, y los policías ordenaron que todas las personas se tiraran al suelo como medida precautoria. También Ramírez fue retirado inmediatamente de la Sala. Todo eso, y otras cosas que ocurrieron, como un cortinado que repentinamente se cayó, hicieron pensar en las fuerzas satánicas que Ramírez decía adorar. Hay más: una mujer, miembro del jurado no se presentó un día, y se supo que había sido asesinada por su novio, en una discusión que tuvieron, vinculada con el juicio. Esto quedó narrado en la nota que dejó el mismo novio, antes de suicidarse. El cuerpo de la jurada apareció seis meses después. La mujer que fue la sustituta en el jurado entró al juicio muerta de miedo. Tanta era la influencia que ejercía Ramírez.  Por otra parte, los abogados defensores y los abogados de la acusación, habían llegado a una situación de tirantez inaceptable. Incluso, se insultaron y tuvieron que ser reconvenidos por el Juez Tyan.

 

                                                EL JUICIO.

 

Al jurado les tomó 22 días decidir su futuro. El 20 de septiembre de 1989, Ramírez fue condenado  por  trece asesinatos y más de treinta delitos relacionados. Luego, “el asesino nocturno” se dirigió a la Corte. Ramírez enfrentaba dos posibilidades: la pena de muerte o la cadena perpetúa sin libertad condicional. A pesar de haber sido sentenciado a muerte, Richard Ramírez seguía siendo desafiante en cuanto la oportunidad se le presentara.

El 3 de Octubre de 1996, tras un vidrio a prueba de balas, Richard Ramírez se casa, en la prisión estatal de San Quintín, con una mujer que había conocido a través de cartas, algunas entre las muchas que recibió de sus enamoradas. La muchacha tuvo que luchar con el odio de otras, que le disputaban a Ramírez.  Hay que tener en cuenta que los condenados a pena de muerte pueden casarse, pero no tener “la noche” de bodas. La muchacha había dicho que era virgen y tuvo que seguir siéndolo, porque en realidad no pudo tener sexo con Ramírez. ¡Qué sarcasmo del destino!!.

Una particularidad más: el anillo de casados de Ramírez tuvo que ser de platino, pues los satánicos no pueden tener nada de oro.  Un investigador, dice: “Es una burla para el sistema  de justicia. ¿Porqué alguien querría  casarse con un asesino así?” Una periodista  contesta: “una mujer piensa que este hombre necesita ayuda, una persona que se preocupe por él y hacerle sentir eso: que alguien está pensando en él”.

Pero luego de la sentencia, Ramírez tenía una pregunta. Se la hace a Frank Salerno: “¿Va a estar allí cuando me ejecuten?”. El detective, manifiesta: “Le dije que a mí me daba lo mismo. Pero si él quería que estuviera allí, estaría”.

Ramírez se quejó de que la Justicia se había equivocado con él. Hasta hoy sigue condenado a muerte, pero sigue apelando…Han pasado más de veinte años desde que lo condenaron.

 

 

 

 

 

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