LA MULTA FOTOGRÁFICA - INSUFICIENTE PRUEBA - LAS DEMÁS PRUEBAS - LA INSUFICIENCIA DE PRUEBA ANTE EL RADAR - EL EXCESO DE VELOCIDAD JUSTIFICADO - CIRCUNSTANCIAS PELIGROSAS - EL DOMINIO DEL AUTOMOTOR - MANIOBRAS NECESARIAS - ABANDONO DEL ESTADO EN SU DEBER

LA MULTA POR EXCESO DE VELOCIDAD - LA ORFANDAD PROBATORIA - LA NECESIDAD DE LA INVESTIGACIÓN DE CADA CASO - EL DEBER ABANDONADO DEL ESTADO - LA MULTA POR RADAR. LA FOTOGRAFÍA Y EL RADAR NO ES PRUEBA CONCLUYENTE. APARTAMIENTO A LAS REGLAS DEL DEBIDO CONTROL. PELIGRO A LOS DEMÁS AUTOMOVILISTAS. LA DELEGACIÓN EN LAS MÁQUINAS DEL CONTROL DE CIRCULACIÓN - DIFERENCIA ENTRE VELOCIDAD DE CIRCULACIÓN Y VELOCIDAD MÁXIMA.  O DESCARGAR ESTE CONTENIDO EN AUDIO EN SU PC. GRATUITAMENTE, COMO ASIMISMO PASARLO A UN EQUIPO DE AUDIO O CELULAR, COMO DESEE.

Por el doctor Juan Carlos Muse Generch.

 

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Circulación y velocidad máxima.

 

Las pruebas fotográficas y computadorizadas.

 

¿Se buscan soluciones a los problemas de circulación?

 

Jurisprudencia concordante.

 

Dominio del vehículo y su conceptualización doctrinaria.

 

Calidad de embistente y la mera presunción de su responsabilidad.

 

La velocidad máxima permitida no exonera el debido auto control.

 

La prioridad de paso y las causas del choque como dos elementos distintos.

 

El paso preferente es un elemento relativo.

 

Cruce de semáforo en rojo. Presunción importante. Falta de demostración en contrario.

 

Principio de prejudicialidad y de igualdad en la investigación.

 

Industria del juicio como elemento subjetivo en el pensamiento.

 

Conclusión.

 

Circulación y velocidad máxima.

 

El concepto de velocidad de circulación está vinculado al tránsito automotriz. Se entiende por  tránsito, circulación, traslación e involucra para las arterias, la velocidad que los conductores, pluralmente hablando deben observar.  El concepto está vinculado a un acuerdo de circulación general, de donde el punto de partida para examinar, qué es velocidad de circulación, es el la regla para la aplicación genérica de la masa de automóviles con sus respectivos conductores.

Las advertencias individuales, hacen saber el riesgo que está poniendo un particular sobre la circulación automotor.

Estas advertencias son variadas, desde los propios carteles, lumínicos o de cualquier orden, pasando por el cálculo de semáforos en cuanto a distancia se refiere, lo que impide el desarrollo de velocidades anormales y emprolijando la circulación, de tal modo que, un semáforo se coloca en rojo calculando la velocidad empeñada tras el anterior en verde.

Estas son normas relativas a circulación en sí, y que están vinculadas con el carril, con la prohibición de adelantarse o no, con la de girar o no.

La velocidad máxima está vinculada con este ordenamiento.

Si n embargo, la intención legislativa nada tiene que ver con el hecho puntual de una velocidad excesiva temporal, que puede nacer como consecuencia de una maniobra.

Las actuales sanciones por exceso de velocidad, no tienen nada que ver con el ordenamiento de tránsito.

 

Las pruebas fotográficas y computadorizadas.

 

Las pruebas fotográficas o computadorizadas solamente toman instantes muy puntuales, quedando huérfanos de prueba. Solamente tomando la velocidad puntual de un momento, es inviable la aplicación de sanciones.

Sin embargo con una notoria ansia de sancionar, muchos conductores son excesivamente perseguidos, aún, cuando exista una absoluta orfandad demostrativa.

El hombre, reemplazado por una máquina, se convierte en una cosa peligrosa. De donde nace no haberse interpretado debidamente el alcance del art. 1113 del Código Civil. Me remito para este punto a lo relativo al reemplazo de la inteligencia humana por los sistemas automatizados para lo cual debe hacer clic aquí.

Cualquier reemplazo por un sistema automatizado genera una confianza en el ser humano, en la suposición de la falta de yerro del sistema.

Sin embargo esa confianza en esa falta de yerro, puede generar una responsabilidad del Estado, cuando la aceleración es absolutamente necesaria para substraerse de un peligro.

En este sentido y concordantemente con lo expuesto se ha sostenido que: “ Constitúyese en un elemento altamente peligroso el camión que ha ocupado en sus maniobras, ya en todo ya en parte, la ruta. Llevar un vehículo implica no sólo mantenerlo bajo dominio en circunstancias normales, sino también estar preparado para sortear lo evitable, cuando ello es posible ante concurrentes que dejan algún margen. Lamentablemente no son insólitos en nuestros caminos los camiones estacionados sin luces, o casos que tienen el común denominador de una utilización anti-reglamentaria de la vía. La velocidad de marcha debe ser adecuada a la posibilidad de maniobra para detener el automotor en esas emergencias, aspectos que deben conjugarse con la visibilidad.”

Cámara Civil y Comercial Primera de San Nicolás 860431, Registro de Sentencias Definitivas-407-86 Sumario, 18/9/1986, Autos: “Romero Hugo V. c/ Bogado Carlos R. s/ Daños y Perjuicios

Por otro lado, no se advierte un motivo por los cuales los conductores, deban ser perseguidos por el Estado cuando se guían por los actuales GPS, que satelitalmente están indicando la velocidad con precisión.

 

¿Se buscan soluciones a los problemas de circulación?

 

Una cosa es el temor a la sanción y otra el generar un temor a la comunidad. Propio de los Estados Autoritarios, las sanciones se aplican de modo automatizado, de la misma forma en la que se detectan los posibles excesos de velocidad.

La circulación, en su normalidad, tiene que ver con la posibilidad del peligro, y muchas veces el mismo se genera por la falta de apreciación de lo que se da en denominar “dominio del vehículo”

Una  aceleración puede aparecer como absolutamente necesaria, incluso sobrepasando las velocidades permitidas, cuando, a modo de ejemplo, quien tenemos delante, actúa conduciendo de una manera sospechosa ( por ejemplo, el andar ebrio se advierte en la conducción de quien va detrás ), consecuentemente se hace necesario evitar el peligro, para lo cual necesitamos sobrepasar rápidamente invadiendo manos contrarias, y aunque la invasión se encuentre prohibida, hace a la esencia del fin legal, del bien tutelado, que es la seguridad de la circulación en sí, y el respeto por la vida humana.

El reemplazo por el radar y la fotografía puso más en peligro a la circulación en sí misma. Incluso, desde el punto de vista operativo, se han robotizado los conductores. La experiencia de conducción ha sido al mismo tiempo reemplazada por un robotismo en la conducción automotriz. Hoy día es mucho más sencillo ser conductor que en otros tiempos, pero los peligros aumentan al no existir personal humano de control y evaluación.

El desarrollo tecnológico, ha alcanzado al sector automotriz. Los actuales automóviles, tienen mayor poder de frenado, como de evasión, sin el correlativo equivalente peligro que, en décadas pasadas, ello sucedía.

Se ingresa en el campo de la anarquía en el control, y por ende, cualquier evidencia que demuestre que, ante una omisión del personal de control, generalmente policial, el hecho dañoso no hubiese sucedido hace a la propia responsabilidad del Estado.

Cuestión distinta es el resguardo de la propia vida del conductor y/o de sus transportados.

Respecto de esto ha existido un debate, en cuanto a si el Estado debe velar por la integridad corporal de la persona o no.

Considero que el conductor solitario aumenta el riesgo, cuando incrementa su velocidad por transitar solo.

El Estado debe velar por las buenas costumbres, palabra que integra el Código Civil innumerable cantidad de veces.

Si se conduce solo es una cuestión relativa, por cuanto el peligro en la circulación es abstracto, no puntualmente debe repararse en circunstancias específicas, desde que el conductor no es un legislador ni por ende organiza lo que el Estado debe organizar. No se presentan por esto circunstancias de peligro que avalen su modo de actuar.

El peligro abstracto es regulado por el Estado, por lo que el infractor, debe ser sancionado.

Pero la ausencia de personal policial, o de control hace a la imposibilidad de determinar el dominio del vehículo, concepto desarrollado por la jurisprudencia desde antaño.

 

Jurisprudencia concordante.

 

La velocidad imprudente no se determina por el número de kilómetros por hora, sino cuando importa -según las circunstancias-, la pérdida del dominio de la máquina que se conduce, lo cual impide a su conductor sortear obstáculos o peligros potenciales o previsibles que pueden presentarse durante la marcha (art. 85, ley 5800). En tal sentido, las velocidades deben estar adecuadas a las circunstancias de modo, tiempo y lugar, sobre todo si se tiene en cuenta que quien conduce el vehículo es un chofer profesional (arts. 512, 902, 1109, 1111 y 1113, C. Civil).

Cámara Segunda en lo Civil y Comercial de La Plata, sala tercera B 72900 del 31/3/1992 , Juez PERA OCAMPO “Córdoba de Polverigiani, Ofelia A. c/ Calcaño, José Antonio y otros s/ Daños y Perjuicios “

Magistrados Votantes: Pera Ocampo - Pereyra Muñoz

 

Dominio del vehículo y su conceptualización doctrinaria.

 

Fallos actuales en concordancia con anteriores.

El "pleno dominio" que debe poseer el conductor de un vehículo en relación a la máquina que conduce (arts. 85, 86, Cód. tránsito) no debe entenderse llevando a demandar al piloto un proceder absurdo que, inclusive, en su extremada escrupulosidad le pudiera llevar a ingresar en otro tipo de riesgos (conductor a paso de hombre dentro de una avenida de tránsito ágil art. 92 Código Tránsito).

LEY, B, 5800 Art. 92

Cámara Primera en lo Civil y Comercial de la Plata, sala segunda, Registro de Sentencias Definitivas 174-90, Sumario del 6/11/1990 , Juez Rezzónico, J. C. Olavarría, Omar Francisco c/ Lescano, Francisco s/ Daños y Perjuicios

A modo de ejemplo, cito a los siguientes otros fallos:

Provincias de Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur Influencia de las normas de circulación

 

Calidad de embistente y la mera presunción de su responsabilidad.

 

La calidad de embistente sólo genera una presunción de responsabilidad que admite prueba en contrario. Debe considerarse desvirtuada dicha presunción si el vehículo embestido se interpuso en la línea de marcha del otro.

Cámara de Apelaciones, sala 1 de Comodoro Rivadavia, 18/3/96, sumario  04153.

En materia de accidente de tránsito debe afirmarse que del concepto de culpa debidamente acreditada, puede resultar la consiguiente responsabilidad del agente; pero en autos el demandado no ha demostrado en absoluto la culpa exclusiva de la actora, surgiendo en cambio su responsabilidad de los hechos probados, siendo importante señalar que era a su cargo destruir la presunción iuris tantum de culpabilidad que pesaba sobre él por ser el conductor del vehículo embistente, por lo que corresponde confirmar en ese aspecto la sentencia apelada.

Esto significa que ni aun siendo vehículo embistente podemos tener la cabal prueba de la ocurrencia de los hechos, habiendo surgido en este fallo que sólo genera una presunción en contra del embistente.

Cámara Civil, Comercial, Laboral y de Minería de Río Gallegos, 1996, en autos: “Alvarado, Ruth del Carmen c/Acevedo, Marcelo José s/Daños y perjuicios”

 

La velocidad máxima permitida no exonera el debido auto control.

 

La velocidad permitida no es un eximente de responsabilidad.

 

Aunque se respeten los máximos y mínimos generales, la velocidad máxima no debe significar peligro para las personas o las cosas, ya que el conductor debe conservar en todo momento el dominio del vehículo y adoptar todas las presunciones necesarias para evitar el accidente.

Cámara de Apelaciones de Comodoro Rivadavia, sala 1, del, 7/2/97, sumario  05403.

 

La prioridad de paso y las causas del choque como dos elementos distintos.

 

No cabe duda alguna de que el Fiat 600 fue embestido cuando había ingresado por lo menos hasta el centro de la calzada en el cruce de las calles. Es exacto que ingresó por la izquierda del sentido del tránsito de Magallanes, por lo que el demandado habría tenido preferencia de paso, pero se considera probado que el vehículo embestido había llegado con anterioridad al cruce y que las causas del choque ratifican la culpabilidad del demandado en la producción del accidente.

Cámara Civil, Comercial, Laboral. y de Minería de Río Gallegos, año 1996, en autos: Rodríguez, Carlos Francisco c/Cabrera, Raúl Alberto y otra s/Daños y perjuicios

Se citó en el caso a la Cámara. Especial en lo. Civil y Comercial., sala IV, citado  por el autor Daray, Hernán, en Accidentes de tránsito, Astrea, Buenos Aires, 1991, t. II, página 111, sumarios. 235 y 243, entre otros muchos)

Esto evidencia que conocía las condiciones que afectaban a todo el tránsito, razón por la que no podía hacerse valer a ultranza la autorización de paso contenida en el artículo 49, inciso b, de la ley 13.893, ya que no era posible rodar ni frenar normalmente y el demandante se disponía a atravesar una avenida de circulación importante, por lo que debió extremar las precauciones para llevarlo a cabo y no trasponerla sin asegurarse de que contaba con tiempo y espacio suficiente para realizarlo a muy poca velocidad, obrando prudentemente conforme las circunstancias como manda el artículo 902 del Código Civil, previendo que un vehículo cercano no podría parar a tiempo.

Bien sabemos que, sólo por normas de tránsito, la prioridad de paso, cede ante autopistas y rutas a campo abierto, pero sin embargo, este fallo, para el caso concreto, se ha pronunciado en otro sentido.

Cámara de Apelaciones de Río Grande, Civil, Comercial y del Trabajo, fallo del 15/8/96, en autos: “Quadrini, Omar Albino c/Ranger 4 SA y otro s/Daños y perjuicios”. (sumarísimo), Expediente. 675.

 

El paso preferente es un elemento relativo.

 

Esto, por cuanto el paso preferente conferido al que transita por la derecha (art. 49, inc. b, ley 13.893 ) no es absoluto y juega únicamente en los casos de presentación simultánea de ambos móviles, cediendo -en cambio- cuando el que circula por la izquierda está más adelantado en el cruce (conforme Trigo Represas y Compagnucci, Responsabilidad civil por accidentes de automotores, de editorial Hammurabi, 1993, tomo I, página 161/166).

Cámara de Apelaciones de Río Grande Civil, Comercial y del Trabajo, en fallo del 11/5/95, en autos caratulados: Castro, Adalberto D. c/García Linetti, Mario René s/Daños y perjuicios (ordinario), Expediente. 092/95

Creemos conveniente agregar que, cuando la delimitación de la responsabilidad dañosa emergente de un accidente de tránsito debe deslindarse a partir del protagonismo de dos automotores en movimiento, es muy fácil pasar de la posición de embestidor a la de embestido, mediante el sencillo recurso de aumentar la velocidad para adelantarse en el cruce o en la maniobra que genera la colisión.

En el sub examine fácil es colegir que -dada la zona de impacto en los automotores involucrados, el porte de los mismos y las consecuencias dañosas que emergen del acta policial y de los escritos de demanda y de los hechos expuestos por la citada en garantía- el evento ocurrió cuando ambos intentaron ganar la prioridad de paso. Asimismo, de las fotografías acompañadas por el actor, obtenemos que los desperfectos ocasionados en su rodado se ubican en el frontal, guardabarros delantero izquierdo y en arrastre por todo el lateral izquierdo hasta interesar la puerta trasera del mismo lado, por lo cual en la mecánica de los hechos la experiencia común de cualquier conductor indicaría que la actora conduciría a una velocidad poco aconsejable en la emergencia pues, pese al impacto inicial, continuó desplazándose en el sentido de marcha que llevaba en lugar de haber detenido el rodado ante el impacto. Esta presunción que nos permitimos apuntar coadyuva a demostrar que, ante la discusión de las partes sobre la mecánica de los hechos y la falta de elementos convictivos en prueba de cómo ocurrieron los mismos, no podemos determinar la responsabilidad emergente para eventualmente adjudicar culpas en el accionado, cual es la pretensión actora. Ni siquiera el acta policial está suscripta por los protagonistas de los hechos y la oficial interviniente declara no haber presenciado el episodio lo cual le quita a dicho documento el carácter de instrumento público, en las condiciones del artículo 979 del Código Civil, al no haber sido ratificadas ni autenticadas las atestaciones impuestas en la misma.

Cámara de Apelaciones de Río Grande en lo Civil, Comercial y del Trabajo, del 4/2/97, en autos: Spinedi, Virginia c/ Pinto, Rubén y otros s/Daños y perjuicios, Expediente. 0722/96

 

Cruce de semáforo en rojo. Presunción importante. Falta de demostración en contrario.

 

La responsabilidad del accidente recae en el conductor que violó la norma de tránsito respectiva al proponerse el cruce de una bocacalle con semáforo en rojo.

Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial, Laboral y de Minería de Río Gallegos, 25/6/97, en autos: Márquez Navarro, Ángel c/Zerbo, Carlos Pedro y otro s/Daños y

perjuicios

 

Principio de prejudicialidad y de igualdad en la investigación.

 

Como se ha visto, el campo del derecho de daños, analiza pormenorizadamente cada uno de los hechos que han desembocado en un siniestro. Pero no se advierte la razón por la cual el daño concreto debe existir a la hora de la aplicación de la sanción.

Si el Poder Judicial sigue pormenorizadamente los hechos ocurridos en el marco de un siniestro producido en la circulación, no se advierte por cuál razón no lo hace la autoridad de aplicación o control que sólo se limita a sancionar hechos puntuales, tal como el que venimos citando de exceso en la velocidad, paso a mano opuesta, etc.

El derecho de defensa de esta manera queda conculcado, por cuanto, si bien es cierto que la enorme mayoría de los Códigos Contravencionales permiten el recurso de apelación, no es menos cierto que debiendo abstenerse de la aplicación de multas hasta tanto el Poder Judicial resuelva la mecánica de un siniestro, cuando el mismo no ocurra, la masa probatoria debe ser igual o equivalente a la masa probatoria que puede acompañarse al fuero penal o al civil.

 

Industria del juicio como elemento subjetivo en el pensamiento.

 

No escapa a quien escribe que elementos de poder obran en la sociedad para sostener la industria del juicio, maximizado el mismo por la teoría de la actividad lícita a la que se inclina Mosset Iturraspe, para señalar el derecho al resarcimiento aún por los actos lícitos. Sin embargo la mentada industria se basa en elementos subjetivos y objetivos en la relación cliente abogado, que involucra juicios sobre las personas, en detrimento de su personalidad, y en concordancia con un juicio desvalorizador de la persona y de sus derechos violándose toda garantía constitucional posible de entender, y sobre el aspecto personal, la garantía a una personalidad y al juicio por el acto, no por la persona ( art. 19 de la Constitución Nacional ).

 

Conclusión.

 

Como consecuencia de todo lo expuesto, estamos asistiendo a un capricho y enamoramiento con los elementos automáticos, por sí peligrosos, generan indefensión y peligro para la circulación, faltas de experiencia y mecanicismo en la función del conductor, con el consiguiente peligro que ello conlleva para la circulación como para los transportados. Solamente un estado totalitario y dueño de la absoluta verdad se puede comportar de esta manera, Se viola el derecho de defensa en juicio previsto en el art. 18 de la Constitución Nacional, además, el sistema siniestro de la fotografía y del cálculo de velocidad es cuestionable hasta desde el punto de vista de los GPS, importan una anarquía y un abandono en las tareas de control de circulación.