FALSEDADES PERICIALES - FALSEDADES DE PERITOS - FALSEDADES EN DICTAMENES PERICIALES - LA IMPUGNACIÓN EN LA PERICIA - EL PEDIDO DE EXPLICACIONES - LOS PERITAJES PARCIALES - VERDADES PARCIALES - ERRORES JUDICIALES - EXPERIENCIA DEL PERITO - RECOMENDACIONES

FORMAS DE TRABAJAR DE LOS PERITOS – FALSEDADES – OCULTAMIENTOS - SUBJETIVIDADES – RELACIÓN CAUSAL – DICTÁMENES ES PERICIALES FALSOS – LAS MÁXIMAS DE EXPERIENCIA TÉCNICA- LAS PREVENCIONES A TOMAR Y LOS ERRORES JUDICIALES MAS HABITUALES. O DESCARGAR ESTE CONTENIDO EN AUDIO EN SU PC. GRATUITAMENTE, COMO ASIMISMO PASARLO A UN EQUIPO DE AUDIO O CELULAR, COMO DESEE.

Por el doctor Juan Carlos Muse Generch

 

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Introducción a temas periciales en dictámenes periciales y errores de juicio.

 

Las hipótesis más habituales del comportamiento del perito.

 

Prevenciones en los juicios con pericias.

 

Las llamadas consecuencias mediatas previsibles.

 

 

Introducción a temas periciales en dictámenes periciales y errores de juicio.

     

 

                 Como complemento del tema tratado en http://www.consejosdederecho.com.ar/29.htm  veremos algunos supuestos por los cuales cabe la responsabilidad del perito en sus dictámenes y errores comunes judiciales que suelen cometerse.

                 En cuanto a peritos, suelen ocurrir en la formación de dictámenes:

                 1.- Falsedades.

                 2.- Otras veces de callar la verdad ( otro modo de falsedad ).

                 3.- Subjetividades fundadas en experiencia personal.

                 4.- Falta de dinámica proyectiva o relación con el futuro adecuado.

                 5.- Falta de aplicación de las “máximas de experiencia técnica”.

                 6.- Indebida ilustración al juez y a las partes.

                 Si bien el tema lo hemos tratado en general ciertamente caben redondear hay comportamientos prácticos a considerar.

 

Las hipótesis más habituales del comportamiento del perito.      

 

                 La combinación de esos seis elementos que indiferentemente pueden componer el delito de falso testimonio hacen más dificultosa la tarea de establecer a los hechos que hacen a las categorizaciones señaladas, pues se encuentran, muy a menudo combinadas en la redacción del dictamen, predominando, en algunos casos, la negativa de cierta verdad, en otros, la afirmación de una falsedad, en otros casos, se acalla una verdad que puede ser muy útil. Esto es muy habitual.

                 La soberbia suele jugar a la intención de rechazo de cualquier impugnación de la pericia de la que se notifique al perito.

                 Suele existir, también, cierta nota de solidaridad para con uno de los litigantes, en el caso. Las impugnaciones y pedidos de explicaciones no fueron pergeñadas para el rechazo del perito, sino para la respuesta del mismo. Si el Juzgado o Tribunal manda a notificar al perito, es para que éste explique, no asimilándose, o no debiéndose asimilar la cuestión a algo semejante al rechazo de una Carta Documento.  

                 Errores más comunes periciales son: Los meros alegatos de experiencia, sin estudiar la verdadera causa.

                 Apartamiento de los puntos de pericia.  

                 Las meras sensaciones con alusión a la experiencia propia.

                 El apartamiento a los hechos descriptos en la demanda.

                 La falta de fundamentación bibliotecaria, y la mera alusión a la experiencia personal.

                 La falta de juicios de probabilidad futura adecuada.          

                 La redacción misma de ciertas pericias suelen estar hechas en forma muy inteligente o astuta: dónde callar, dónde decir la verdad, dónde negar la verdad, donde ocultarla. Estratégicamente, en ese sentido, para engañar a la justicia, la pericia aparece y surge como algo notable, excelente a esos fines.

                 Sin embargo el perito debe redactar su dictamen tal como un juez, siendo auxiliar y delegatario de las funciones de éste a fin de ilustrarlo en la ciencia. Su actuación no debe asemejarse a la de un abogado, o formular una pericia impregnada de sofismos o relativismos ni aferrarse en las impugnaciones y pedidos de explicaciones a una cuestión personal, de quien se cree, por tener un título, dueño absoluto de la verdad.

                 Y siendo que debe resaltar el carácter más o menos exacto de su ciencia, las pericias suelen ser defensivas, al estilo de un abogado, aún siendo perito de oficio. Esto ocurre y con mucha frecuencia.

                 El perito luego de estudiar las interrogaciones de las partes y de la cosa objeto de la pericia, debe emitir un dictamen, el que, puede ser, o no, más o menos discrecional en cuanto al examen de la cosa periciada se refiere. Pero lo que no puede o, mejor dicho, no debe hacer, es realizar un dictamen sobre cuestiones no sometidas a su consideración que, además, importen expedirse sobre la base de “una parte de la cosa periciada”.

                Una hipótesis.

                 Por ejemplo, en un consorcio, utilizando mucha discrecionalidad, el perito ingeniero o arquitecto examina sólo los defectos de la unidad funcional del actor, omitiendo toda consideración sobre la del demandado en el arte de su oratoria escrita. Y cuando lo hace, formula una defensa esgrimida en forma dialéctica, con el puro propósito, claro y de objetivo entender, de convencer al señor juez civil interviniente, tal cual lo podría hacer un abogado en el sentido sofista, pero no un perito que es un delegatario de la función de un juez para que le explique cuestiones técnicas ajenas al conocimiento lego.

                 Las consecuencias de una pericia en este caso, suelen ser importantes aún en lo extrajudicial. Por ejemplo, en un dictamen pericial, en cuanto a una propiedad inmueble se refiera, como para vivienda hay consecuencias dañosas.

                La casi imposibilidad de vender la finca.

                Incrementar las malas relaciones propias de la vecindad.  

                La falsa atribución a los abogados de las responsabilidades. 

                 En la práctica, el desarrollo del proceso civil, importa la necesidad de que las partes y sus letrados estén presentes en el acto pericial. Pero si no hubo aviso de parte del perito concerniente al momento en que se hizo la pericia difícilmente el abogado pueda adivinar cuándo se realizará el examen pericial.

                 Pero además la circunstancia que los letrados no hayan estado presente en el momento del examen pericial para hacer las observaciones que consideren pertinentes conforme prevé al art. 469 del C.P.C. y C. no es una circunstancia que deba implicar que el perito no pueda mantenerse en el equilibrio de la imparcialidad aunque no estén los letrados para hacer tales las observaciones. Las observaciones de los abogados, que son legos en materia pericial, como de las partes mismas, mas cuando no existe perito de parte, muchas veces se atribuyen a los abogados mismos, en una falta completa de respeto, el no haber presenciado el acto pericial para esas observaciones, cuando poco o nada pueden aportar.

 

Prevenciones en los juicios con pericias.

           

                 Para estos problemas hay que preverlos, siendo los errores de la parte litigante, muy frecuentes: 

                 a)  En los procesos en los que no hay perito de parte es conveniente agregar un informe pericial escrito, pero con firma autenticada por escribano público y con el mismo presentar fotografías certificadas por esos delegatarios de la fe pública y copias respaldatorias de sus dichos de otros órganos del Estado en el ejercicio del Poder de Policía.

                b) Poner de resalto la necesidad de medidas para mejor proveer.

Por ello no se puede confiar en el proceso judicial, hay que evitar los errores judiciales más comunes, de procedimiento, como por ejemplo lo son:

                 La no admisión de prueba determinante y documental autosuficiente luego de terminado el período probatorio o dentro del mismo pero fuera de los plazos legales para presentar la prueba documental que ha residido en el hecho de que, si la razón legal del traslado de la documental en los procesos civiles de cognición estriba en un principio de derecho de defensa en juicio contra cualquier documento que pueda ser considerado falso, desde su contenido hasta su firma

                 Pero el hecho puede constar en documentos auténticos, lo que implica, en principio, la innecesaridad de dicho traslado o notificación. Sin embargo hay una resistencia judicial a admitirlos.

                 Al respecto, recordando al el autor ISIDORO EISNER, son de aplicación sus palabras que ha manifestado, no en estos tópicos en especial, sino en general, lo siguiente:

                 “Una obvia exigencia de buen sentido y economía aconseja al legislador no sólo crear diversos tipos de procesos que se acomoden a las modalidades de las cuestiones litigiosas que deben someterse a la composición judicial, sino también acordar facultades a los magistrados para escogitar y aun arbitrar el procedimiento que mejor se amolde a las distintas controversias, evitándose así que por el simple acatamiento a reverentes mandatos de la ley se deban utilizar estructuras y mecanismos absolutamente inadecuados, onerosos o superfluos con redacción al fin que en cada caso se persigue.

                 “Si bien somos partidarios del sistema de la legalidad de las formas, lo que en materia procesal importa una garantía de certeza y de respeto por los derechos del individuo al ser discutidos en instancia judicial, ello no significa que no hayamos comprendido los riesgos de todo exceso y. por tanto, los de la rigidez y del termalismo inerte y exagerado.

 

                 “Sin llegar al reclamo de la libertad de las formas que lleva implícito el peligro del desorden, de la anarquía y aun del abuso de la autonomía de la voluntad en perjuicio de la parte más débil, consideramos que a su vez cabe admitir la solución que nos ofrece el llamado principio de “elasticidad” del que se mostrara partidario Carnelutti al examinar las “Líneas Generales de la reforma del proceso civil de cognición” ( autor citado, véase “Planteos Procesales” de editorial La Ley, página 128, Astrea 1985 ).

               Esta regla del procesalista, autor indicado, muchas veces no se respeta:

                 Los desgloses de documentos auténticos, con firmas autenticadas y autosuficientes en los hechos, son materiales probatorios que hacen al valor justicia.

                 Lo que suele ocurrir desde el punto de vista procesal cuando los términos para presentar documentación están agotados. Se trataría de documentos cuyos hechos no se correlacionan con otros, tal como ocurre con el art. 333 del Código Procesal Civil y Comercial de la Provincia de Buenos Aires y su similar 334 de la Nación, que admite la presentación de documentación sobre hechos no considerados en la demanda o reconvención. En estos casos no se viola en principio el derecho de defensa ateniéndose a dichas normas. Pero la razón legal de las mismas es el valor justicia, pues pasado los plazos para presentación de documentación, puede ocurrir que, justificadamente, se agreguen posteriores o desconocidos, luego del quinto día del plazo fijado para la documental posterior o desconocida, como se la llama. Pero eso no indica que no valgan siempre como prueba, en función de la estructura de un proceso judicial.

                 Se sostiene, lo que hace incompresible que luego de la sentencia haya que pedir una acción autónoma de nulidad, tema que hemos tratado Cuando el documento es indubitado y autosuficiente, categórico y contundente, puede correrse un traslado ( o sea notificación ) aún cuando nos encontremos con el plazo de prueba declarado extinguido. Como dice Eisner, “ningún cimiento jurídico se tambalea”. Para ver acción autónoma de nulidad haga

                 Algunas consecuencias derivadas de una incorrecta pericia. Por ejemplo en temas de arquitectura:

                 Hacer imposible la convivencia, para la futuro, con el vecino. Y de una familia a la otra.

                 La falta de poder transmitir por causa de muerte una propiedad.

                 La falta de juicio de probabilidad del perito.

                 De acuerdo al orden normal y ordinario de las cosas, el perito suele verificar extremos actuales, puntuales, sin hacer juicio de probabilidad alguno.

                 Siendo ejemplificativos: Por ejemplo,  si a una persona le transfunden sangre que contiene el virus del SIDA, no es anormal que reclame indemnización por su muerte, aún estando con vida, porque no se trata de resarcir un daño futuro, sino que éste habla de la envergadura del daño actual.

                 Algunos fallos se relacionan directamente con esto, con consideraciones lógicas hacia el futuro.

                 Aunque para que proceda el interdicto de obra nueva no es absolutamente indispensable el daño actual pues basta el futuro o el eventual, sí es necesario que exista un peligro cierto y no meramente hipotético o abstracto. Si no existe perjuicio, no es procedente el interdicto. Cámara Civil y Comercial de San Isidro 95851 Registro de Sentencias Definitivas -242-4 del 5/10/2004, “Parque Náutico Privado Boat Center c/ Ingevana S.A. s/ Interdicto de obra nueva”

                 “Tomada la incapacidad como el daño que afecta el patrimonio actual o futuro del individuo, al comprometer definitivamente sus potencialidades, se advierte que el mismo puede reconocer diversas manifestaciones, ya sea porque el desmedro se produce en sus aptitudes psíquicas o en la estructura corporal de la persona, y dentro de este último aspecto, presentarse como un desorden orgánico, funcional, o aún estético. Claro está que para integrar el concepto de incapacidad, como daño patrimonial emergente, el daño inferido a la faz estética del individuo debe ser ostensible y manifestarse con una envergadura tal que acarree una verdadera limitación a las posibilidades económicas del damnificado, pues de lo contrario, sólo cabe emprender su consideración como una afectación de orden moral, o espiritual, por los sufrimientos o mortificaciones que pueden provocar en la víctima. Cámara Segunda Civil y Comercial de La Plata 100508, Registro de Sentencias Definitivas 111-3, Sentencia del 27/5/2003, “Cristy, José María c/ Domínguez, Héctor Gustavo s/ Daños y perjuicios”, id. “Marranti, Diego Christian c/ Provincia de Buenos Aires y ot. s/ Daños y perjuicios”

“La muerte del hijo que aún no está en condiciones de ayudar económicamente a sus padres, importa un obstáculo para que ciertos valores -sostén futuro- se incorporen al patrimonio de éstos, daño que tiene los caracteres necesarios para que sea indemnizable, no estrictamente como lucro cesante, sino como pérdida de una "chance" u oportunidad de que tal ayuda se concretase. La probabilidad del padre de necesitar esa ayuda, si es de humilde condición, y la posibilidad del hijo de prestarla, podrá ser mayor o menor, podrá ser completamente insignificante, y aun desaparecer, pero en tanto exista, la pérdida de esa "chance" es un daño cierto en la misma medida que su grado de probabilidad.” Suprema Corte de Buenos Aires, en Acuerdo 51706, Sentencia del 27/9/1994, “Santillán, Carlos y otra c/ Larroca, Nelson J. y otro s/ Daños y perjuicios” publicado en Acuerdos y Sentencias del año 1994, Tomo III, página 776.

Para determinar la causa de un daño es menester hacer un juicio de probabilidad estableciendo que aquél (el daño) se halla en conexión causal adecuada con el acto ilícito, o lo que es más claro, que el propio efecto dañoso sea el que normalmente debía resultar de la acción u omisión antijurídica, según el orden natural y ordinario de las cosas (art. 902 C.Civ.), pues el vínculo de causalidad requiere una relación efectiva adecuada (normal), entre una acción u omisión y el daño”. Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires Sentencia del 2/5/1989, •Uboldi, Angela Irma c/ Las cañas S.A. s/ Indemnización de perjuicios”. Diario de Jurisprudencia de Buenos Aires 136, 247 – Publicado en Acuerdos y Sentencias 1989 Tomo I, página 821.  

                 En otra parte de estas páginas hemos dicho El daño futuro no comprende ningún rubro indemnizatorio, puesto que no existe. Pero debe reclamárselo cuando es previsible que un daño pueda sucederse a lo futuro, lo que habla a las claras, no del “daño futuro”, sino de la “envergadura del daño actual”.

 

                Ejemplos

 

                Caso por ejemplo de una pericia sobre un accidente de tránsito en donde la chapa de los automóviles ha quedado reparada.

Sucede como si una lata fuera abollada, y luego planchada nuevamente. Pero ahí no termina el reclamo por el daño, debiera considerarse que dicha lata, o chapa, como se quiera llamar, es susceptible de arrugarse mucho mas, luego de otro siniestro. Sencillamente por cuanto ha tenido una reparación y eso baja el valor de venta y no es tenido en cuenta muy a menudo por los peritos. Y eso no es hablar de daño futuro, sino de la envergadura del daño actual.

 

                 Lo mismo sucede si una intoxicación, por ejemplo, con el insumo de agua de pozo contaminada.

                 Por causa de lo que se da en llamar, “curso normal y ordinario de las cosas”, pudiera ocasionar, como frecuentemente puede hacerlo, un cáncer. No es dable aceptar ni de un juez, ni de un abogado que sentencie, o reclame, según el caso, no sólo por la intoxicación, sino que debe reclamarse también por las consecuencias más probables de esa intoxicación. Y eso es hablar de las consecuencias estadísticas a las que menciona el art. 902 del Código Civil.

                 En este campo hay que ser bien específico y claro con el punto pericial además, puesto que no solamente existen las máximas de experiencia del juez, sino también las del perito, quien, por experiencia sabe perfectamente lo que suele ocurrir estadísticamente. Y ese perito será responsable por los daños y perjuicios que ocasione su incontestación al punto de pericia que específicamente le pida que responda desde sus máximas de experiencia, respecto a la ocurrencia estadística de tales casos en lo corriente.

                 Lo mismo puede ocurrir si existe cáncer o cualquier enfermedad que parezca una sentencia de muerte cuya causa haya sido introducida por algún responsable.

                 En tales casos el juzgado debe sentenciar e indemnizar como si fuera una muerte, seguida de un largo proceso de lucha, de padecimientos, que aún no han ocurrido. Obviamente si pasado un tiempo, nada ha ocurrido según el curso habitual de las cosas, no será indemnizada la persona por el resultado que no llegó a darse conforme a ese curso normal y ordinario o estadístico de las ocurrencias, pues, lo que prima, es el valor justicia.

                 Estos nexos hay que estimarlos al momento de dictar sentencia y hay que reclamarlos, porque luego no puede existir un nuevo juicio por el hecho que ya está indemnizado.

                 Podrían admitirse sentencias modificables en este aspecto, cuando la ocurrencia de los hechos no es lo frecuente.

 

Las llamadas consecuencias mediatas previsibles.

                

                 Esta idea ha sido mal entendida por muchos especialistas, cuando sostienen que la responsabilidad por culpa no puede extenderse más allá de las consecuencias mediatas previsibles.

                 A veces ocurren un sinnúmero de expectativas de consecuencias mediatas previsibles, pero debe ser elegida una, para el reclamo indemnizatorio, lo que no significa que ocurra otra. Y esto da pié para iniciar otro proceso por el otro daño efecto del primero.

                 Tenemos consecuencias inmediatas, como son los daños actuales, en el caso de la pérdida de un capital, los intereses, y consecuencias mediatas las que podemos dividir en previsibles e imprevisibles, objetivamente.

                 Las previsibles ante un hecho como lo es, por ejemplo, la pérdida de un automotor, es la privación de su uso y las consecuencias patrimoniales y morales que se derivan de tal privación.        

                 Pero esto no quita, no veda, otras posibilidades. No es, al decir de muchos abogados, que se reclama un daño futuro, no, se reclama siempre sobre el daño actual y su envergadura. Si la misma no fue adecuadamente estimada, conforme al resultado de una sentencia, tampoco cimiento alguno se tambalea, si otra consecuencia sucede, de las no previstas por el juez.

                 En ese orden, el magistrado toma probabilidades, y el perito también debe tomar probabilidades y en la sentencia estima esas probabilidades sólo para hablar de la potencia del daño actual, no del futuro. Porque de otra manera estaría lanzando una sentencia sobre la base de todas las hipótesis que pueden darse, lo cual, muchas veces, es imposible al objeto de la sentencia.

                 Suelen ocurrir nuevos acontecimientos, descubrimientos, la ciencia avanza, y no por ello podemos decir, que la consecuencia del daño es una consecuencia remota, imprevisible.

Si el avance de las ciencias es previsible, entonces ¿Por cuál razón negar la indemnización por lo que en su momento se consideró consecuencia remota?.           

                 Si se parte del principio romano denominado “naeminen laedere” ( no dañarás ) se comprenderá que, aunque no exista dolo, pueden existir obligaciones a resarcir, que en su momento fueron desechadas o consideradas como que no forman parte del curso normal y ordinario de las cosas, conforme a la doctrina en torno al art. 901 y 902 del Código Civil.