ROBOS - HURTOS -  DELITOS EN LOS LUGARES PUBLICOS Y LAS RESPONSABILIDADES -  RESPONSABILIADES POR OMISIONES - DEBER DE VIGILANCIA LUGARES PÚBLICOS - RESPONSABILIDAD DUEÑO - INDEMNIZACION - DEBER DE PROTEGER AL CONSUMIDOR POR ROBOS - DELITOS - VIGILANCIA

ROBOS Y HURTOS, U OTROS DELITOS COMETIDOS EN LUGARES PÚBLICOS O PRIVADOS DE ASISTENCIA PÚBLICA Y LAS RESPONSABILIDADES. RESPONSABILIDADES POR OMISIONES DEL ESTADO Y DE PARTICULARES. RESPONSABILIDADES MUNICIPALES. GLOBALIZACIÓN - INFORMÁTICA, DELITOS Y DAÑOS RESARCIBLES. DESCARGA EN AUDIO TEXTO IMPLICA QUE LO PUEDE ESCUCHAR AL TEMA POR INTERNET O DESCARGAR ESTE CONTENIDO EN AUDIO EN SU PC. 

Por el Doctor Juan Carlos Muse Generch

 

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CONSIDERACIONES GENERALES

LA PREVISIBILIDAD.

LA CLAVE DE LA RESPONSABILIDAD DEL ESTADO Y DE LOS FUNCIONARIOS: LAS DECISIONES POLÍTICAS PUNTUALES.

LA MODERNA DOCTRINA EN CUANTO A LA RESPONSABILIDAD DEL ESTADO FRENTE A LA OBLIGACIÓN JURÍDICA DE ACTUAR Y SU EXTRAORDINARIO PERO NECESARIO ALCANCE.

LA RESPONSABILIDAD DE LOS PARTICULARES

CONSIDERACIONES GENERALES:

Un lugar es público cuando puede asistir al mismo personas que se conozcan o no entre sí. Desde el preciso momento en que dicha posibilidad no exista, deja de tener tal carácter. Puede tratarse de un lugar de propiedad pública o privada.

Una calle, una avenida, una plaza, son lugares públicos. Los lugares públicos son de vigilancia por parte del personal policial. La responsabilidad es del Estado, Nacional, Provincial o Municipal. Y también a los agentes que deben custodiar los bienes de los ciudadanos, quedando, en principio exento de responsabilidad, la entidad privada que ha generado un lugar de concurrencia pública.

La jurisprudencia se vuelca casi por completo a responsabilizar por los robos y hurtos a quien pudo preverlo obrando con el debido cuidado y diligencia adecuados.

Dentro de esta problemática está la responsabilidad de los Estados por el deber jurídico de vigilancia.

Los interrogantes principales residen en el alcance de la vigilancia y el poder representarse mentalmente que en determinado sitio público, puede ocurrir hechos de esta naturaleza.

Al respecto podemos imaginarnos que son lugares públicos de previsibilidad de conflictos, aquellos en los cuales es evidente que se carece del debido control ( por ejemplo: carencia de cantidad de personal policial en un partido de fútbol ).

Pero la pregunta siempre se sitúa en el parámetro siguiente ¿cuál es el límite para responsabilizar al Estado o a un particular por los robos y hurtos que se cometen en la vía pública, así como otros delitos?

La omisión de cualquiera de los Estados mencionados ante un deber jurídico de actuar, como el antedicho, resulta evidente por su alto grado de previsibilidad.

Hurtos, robos, delitos, que ocasionan un daño. Esta es un  presupuesto de responsabilidad: El daño.

El daño puede ser de cualquier naturaleza, patrimonial o extramatrimonial. Pero, en el caso de la responsabilidad del Estado por su omisión, deberá verificarse el daño extrapatrimonial con mucha cautela, desde que se supone que la sociedad está reglada, por lo que se verificaría un supuesto contrato, o contrato social, con derechos y obligaciones. Por lo tanto, daños extrapatrimoniales deben revestir una envergadura mucho mayor que el mero mal momento atravesado por el delito en cuestión. Debe superar la tolerancia procedente de la previsibilidad de la inseguridad conocida.

En este sentido puede responsabilizarse al Estado o al particular que es propietario de un lugar de asistencia pública en el que el delito se ha cometido por los daños y perjuicios ocasionados, cuando era evidente que el deber de vigilancia era especialmente previsible. Pero habrá de tener que observarse que, en materia de daños extrapatrimoniales procedentes directamente de los patrimoniales no deben tenerse en cuenta desde que la situación se asemeja al incumplimiento contractual.

Distinta es la situación del reclamante por el daño espiritual sufrido como consecuencia de una lesión física, aunque la misma sea reparable, o medianamente reparable. No puede responsabilizarse a la sociedad por indemnizaciones provenientes de reclamos por los malos momentos padecidos, desde que, esta posición contradice la pacificación social, llamada a convocar por los poderes públicos, especialmente el judicial.

Pero en cuanto a la noción del daño, producido, nos estamos refiriendo a delitos de tipo criminal, y no delitos de orden civil que no constituyen delitos criminales desde que los segundos son enteramente indemnizables por el funcionario público que ha omitido cumplir debidamente sus funciones, o ha actuado con negligencia, imprudencia, desidia, o mala intencionalidad. Como dependen estrictamente del sujeto ( persona física ) que ha incurrido en la violación del deber de no dañar o de evitar el daño posible que no es delito, la cuestión no tiene relación con los Estados, como comunidades jurídicamente organizadas. Sólo cuando estas comunidades fallan en su organización dinámica, habrá responsabilidad por el acto o la omisión administrativa.

Respecto de particulares que aprovechan lugares públicos y relativos a delitos o cuasidelitos de orden estrictamente civil, la responsabilidad sigue la misma suerte, desde que la habilitación o concesión, importa una función no delegada por parte de los Estados, esto, sin perjuicio de que, respecto de las relaciones dañosas específicas entre el titular de la habilitación y concesión, puedan verse enroscadas en materias de delitos o cuasidelitos civiles.

Una incorrecta concesión o habilitación, o mal funcionamiento de la misma, hace a la responsabilidad doble: tanto de los Estados cuanto de los particulares que aprovechan los espacios públicos.

Y será compartida la responsabilidad simplemente civil, en la medida en que, exista incumplimiento en el deber de vigilancia por parte de los Estados que otorgaron las habilitaciones o concesiones.

Al margen de lo expuesto, el particular es solidariamente responsable por lo que puede controlar, cuando cuenta con elementos suficientes como para poder controlar los delitos que pueden cometerse en determinado sitio público. Y por lo tanto, en tales casos será responsable por los actos u omisiones en la dirección y vigilancia de sistema instrumentado para aprovechar el espacio público.

No es factible que, por cualquier circunstancia accidental, se pueda responsabilizar a los entes públicos o sus funcionarios por hechos que no pueden ser vigilados de manera constante.

Antes de pasar al problema del límite entre el deber jurídico de actuar y la omisión de prestar los servicios a los que de manera normada o implícita, el particular mencionado o los Estados deben responder por sus omisiones, he de preferir hacer algunas menciones respecto a la moderna visión del daño.

La autora MATILDE ZAVALA DE GONZÁLEZ en su libro "Personas, casos y cosas en el Derecho de Daños" ( de editorial Hammurabi ) señaló respecto del daño lo que sigue a continuación.

VISIÓN DEL DAÑO RESARCIBLE MODERNAMENTE:

Esta autora, con acierto, señaló respecto a los análisis de los daños resarcibles en general::

"El rol tradicional asignado al daño subsiste, pero magnificado.

En efecto, el daño ya no es simplemente "uno de los actores principales" en la escena de la responsabilidad civil, sino "el protagonista". De la "coexistencia", mas o menos nivelada, con otros elementos condicionantes, se ha avanzado hasta su "preeminencia" destacada, tanto en el" antes" (prevención del daño posible) como en el "después" (reparación del daño ocurrido).

Se ha descrito este fenómeno  jurídico como que el daño es ahora el "centro de gravedad" del sistema, a raíz de haberse trasladado la preocupación desde la culpa hacia aquel .

En obras de algunos años atrás se indicaba como presupuestos básicos de la responsabilidad, además del daño causado, a la antijuridicidad y la culpabilidad. El reconocimiento de limitadas excepciones a estos elementos, ratificaba su valor como condiciones genéricas.     .           .              •

Con posterioridad, se ha comprendido que el punto neuralálgico  reside en el daño causado, y que los demás elementos solo eventualmente coadyuvan a apuntalar la responsabilidad.

La antijuridicidad y la culpabilidad son prescindibles. En efecto, se admite un ámbito cada vez mayor de responsabilidad por actos lícitos (por danos que pueden ser "justificados" en su producción, aunque "no es justo" dejarlos sin reparación), y los factores objetivos de atribución (riesgo, equidad, etcétera) tienen en la sociedad moderna una vitalidad que relega la culpa a ámbitos limitados.

El acento que existía en una "deuda del responsable" es colocado ahora en el "crédito" del damnificado.

No se trata de un juego de palabras. Aunque desde el punto de vista lógico formal no hay deuda sin crédito, ni responsable sin victima, y a la inversa, axiológica mente es muy distinto centrar el interés en uno u otro aspecto. Si se atiende mas al responsable, preocuparan sobre todo las características de su obrar; si se mira preferentemente al damnificado, será relevante (y suficiente) el injusto perjuicio sufrido.

En otros términos, se ha desplazado la mira axiológica desde la injusticia del origen del daño hacia el daño mismo. Elio se expresa en frase ya clásica  , de que no interesa tanto el daño injustamente causado como el injustamente sufrido

Es que el hecho perjudicial puede ser licito o inculpable, pero en general no es equitativo que se mantenga en la victima, si ha sido ajena a la génesis del daño, la incidencia disvaliosa de este. La eventual justicia objetiva del acto no debe ir acompañada de la injusticia subjetiva consistente en no enmendar sus consecuencias lesivas: aquella justicia del hecho fuente no borra esta injusticia "concreta" de sus repercusiones.

 Pero en el caso de la responsabilidad de los funcionarios públicos, los Estados o encargados de lugares públicos por las indemnizaciones que, por daños y perjuicios corresponde, "lo justo" no es consiste en la reparación de una desgracia, sino en el hecho de que la misma se produjo como consecuencia necesaria de un obrar u omitir negligente.

Lo mencionado por la autora es de suma utilidad para aquellas situaciones, a las que me he referido, como responsabilidades que emergen por el lucro que se obtiene como consecuencia de la actividad bancaria, y el riesgo que ello conlleva, como el lucro que, también se obtiene como concesionaria vial, por los siniestros de tránsito que ocurren y el deber de brindar seguridad en cuestiones específicas, o, digámoslo de otra manera, camarotes de primera línea, que, si bien se tratan de sitios públicos, importan el ejercicio de una actividad lucrativa contrayendo, como contrapartida de su uso, una responsabilidad especial, como consecuencia de su especial - también - actividad.

En el caso de los bancos, por cuanto los deberes de seguridad respecto a la identificación de las personas se advierte como una contraprestación por el lucro que se obtiene, hacia la sociedad. Lo mismo podemos decir de las autopistas.

En consecuencia, será la índole de la actividad del particular y su relación de beneficio, frente al riesgo que ocasiona, el que responda a esa visión del daño resarcible conforme a la visión de la mencionada autora.

Los Estados Municipales, por el pago de tasas o contribuciones municipales se deben ver envueltos en la misma responsabilidad que los particulares, cuando, se trata de daños causados con consecuencias meramente civiles cuando la tasa o contribución de mejora tiene un contenido impositivo ( en esencia ). Y de tal manera que el lucro, o, en el caso, mas apropiadamente, el beneficio, lo detentan otras personas por dicho contenido impositivo, el cual, no es de resorte de las políticas municipales.

De tal manera que si por mejora cortan varias calles, realizan un túnel, o cualquier otra obra, o se puede determinar que en dicha obra, pueden determinarse políticas de beneficio, por ejemplo, a sectores desempleados, "lo justo" será como señala esta autora, observar primeramente el daño sufrido.

Si de ello resulta un quebranto patrimonial - por obras de infraestructura que son realizadas conforme a políticas de distribución del ingreso - o si ello resulta de las tasas, la responsabilidad municipal será la que señala la autora mencionada, ya que no se trata de esquemas de organización jurídica, sino de "políticas puntuales" de los gobernantes.  

En la misma responsabilidad estarán inmersos los contratistas, porque ningún poder de policía municipal exime al particular que le habilita un municipio a ejecutar una obra, del debido autocontrol que debe ejercer.

De otra manera bastaría con sostener o pensar que, porque no tiene un profesional del derecho o de cualquier actividad colegiada, una denuncia, suponer que, por ello, está actuando correctamente y resultara irresponsable ante el Poder Judicial.

O que un arquitecto que tiene aprobada una obra en un Municipio, no es responsable por los daños y perjuicios que puede ocasionar, desde que un constructor o un arquitecto, por sólo dar algunos ejemplos, deben sumar a la autorización que les ha sido concedida, el debido autocontrol del que no están eximidos.

Frente a los hechos delictivos y daños ocurridos en los espacios públicos, la jurisprudencia era muy reticente a conceder indemnizaciones.

Exigía no sólo la cabal prueba del daño, sino, lo que es mas difícil, la estricta relación del nexo causal entre la omisión y el daño ocasionado, o, en su caso, la acción, la clara antijuridicidad, y obviamente la cabal demostración de la culpabilidad.

Esto ha ido mejorando, bastando hoy día con poner de relieve la circunstancia de que ciertos eventos han podido preverse, y que, respecto de los mismos, ni los Estados que componen nuestra Nación, como tampoco las concesionarias, empresas habilitadas, pueden ya escudarse en el problema de la falta de seguridad en tanto y en cuanto les resultara previsible ciertos acontecimientos en cualquier espacio público.

LA PREVISIBILIDAD:

Los actos ilícitos penales o meramente civiles, cada día son mas previsibles, gracias a la tecnología de la que disponemos o podemos disponer sin demasiado esfuerzo. En el caso puntual que estamos tratando, hablamos nos vamos a abocar ya a los ilícitos penales ocasionados en espacios públicos aprovechados o no por particulares.

Los Estados Unidos tomaron una iniciativa que la expongo a modo de ejemplo: muchos policías norteamericanos han fallecido como consecuencia de disparos de armas de fuego que pertenecían a la misma policía. Como consecuencia del avance tecnológico dotaron a muchos policías de armas que no disparaban si, en el gatillo, no se verificaba la huella dactilar del agente policial. De modo tal que el delincuente, por mucho esfuerzo que hiciere, en el momento, no podía disparar contra el policía que le tenía acorralado.

Este avance tecnológico también ha sido aprovechado por los delincuentes, no son sólo los mensajes de texto por celulares, son los chateos que permite cualquier página web para planificar cualquier delito. Incluso se valen de símbolos en los menajes de texto.

El Estado debe estar dotado de la tecnología suficiente para poder contrarrestar las modernas formas de comisiones de delitos. Si no lo hace, incurre en una grave omisión, que a nuestro entender, lo hace enteramente responsable si el delito se ha logrado cometer gracias al la aparatología.

No se trata de la época de Los Intocables ( seguimientos telefónicos ). A los Estados les resulta enteramente previsibles las formas de comisión de los delitos por aparatos de comunicaciones ultrarrápidos. No se trata solamente de detectar a los autores mediante las huellas dactilares que puede dejar un particular por poseer un celular.

La moderna telefonía celular permite al instante grabar y filmar u obtener fotos de los hechos ( esto hace y beneficia a la lucha contra la corrupción ).

Delante de este cuadro, los particulares, que no utilizan o explotan espacios públicos,  no deberían tener la carga de adquirir aparatología cara por el sólo hecho de que el Estado omite siquiera filmar y transmitir al instante, mediante monitoreo, lo que está sucediendo en determinados lugares públicos de los que puede sospecharse, o preverse, adecuadamente, la comisión de delitos, y no sólo de hurtos y robos.

Los particulares que explotan lugares públicos para cualquier evento, o bien disponen de una habilitación y concesión, pueden poseer cámaras de filmación. Pero las mismas no remiten la información al instante y el daño se produjo, luego se habrá de detectar al autor.

Ante el avance tecnológico es deber del Estado, o, mejor dicho, de "los Estados", proveerse de mecanismos de monitoreo, y, por qué no, colaborar con los particulares mediante la transmisión a gran velocidad de las filmaciones y grabaciones por telefonía celular, a fin de que, la presencia policial sea lo mas rápida posible.

Las omisiones de los Estados en este sentido, los atrasos, le hacen, enteramente responsable de los hechos ocurridos mediante mecanismos informáticos de alta velocidad y de lenguajes sofisticados de transmisión de datos, por ejemplo, por celular.

 No se trata de estar interfiriendo el derecho a la intimidad, se trata de los hechos que están sucediendo, o pueden suceder en cualquier momento.

La posibilidad de ocultar cámaras que transmitan en tiempo real lo que está ocurriendo en determinado espacio público, no requiere mas que establecer una comunicación entre, por ejemplo, el dueño de la estación de servicio asaltada, y la retransmisión de lo que se filma de manera inmediata a la policía.

Por supuesto existen cuestiones presupuestarias, pero, sin embargo, en cada espacio público en particular, habrá de tener que suponerse que es factible la comisión de delitos, como el de hurto y robo, como de cualquier otro.

Los casos de hurto pueden aparecer  mas difíciles, pero quien hurta, generalmente huye despavoridamente, y ese seguimiento se puede realizar.

No se trata de monitorear toda la ciudad, sino que lo que principalmente debemos tener en cuenta son los deberes fundamentales de los Estados en el deber primordial de dar seguridad ( como educación y servicios públicos como hospitales de conformidad al viejo estado gendarme ). En estos casos, casi inexistentes ya, no puede responsabilizarse, como se ha dicho, por eventos que normalmente han ocurrido históricamente, salvo cuando aún existen falencias en el orden de custodia policial ( por ejemplo partidos de fútbol ), con la salvedad de que, en la mayoría de los casos, la indemnización por el daño moral, entiendo no corresponde cuando la misma proviene del daño material en sí mismo ( quedan excluidos los corpóreos y los indirectos daños materiales tales como cirugías reparadoras que forman parte de un daño material o económico anexo pero no principal. Es que estas circunstancias son históricamente conocidas y pueden preverse con mucha facilidad  por las víctimas.

A lo menos podemos decir que, por carencia de la debida vigilancia en un Estado Gendarme, es imposible no responsabilizar a los organismos públicos por la falta de moderna vigilancia.

Cuanto mas tiempo pasa, menos presupuesto existe. Y mayor la cantidad de delitos de los que no se pueden encontrar pista alguna.

Las habilitaciones municipales para sitios especiales donde pueden establecerse parámetros, siquiera de admisión, que hagan a la seguridad, como las concesiones, deberían hacer sentir a los Estados y a los funcionarios como responsables de los hechos que por esas habilitaciones o concesiones, no han impuesto, por lo menos, la obligación de colocar en sitios escondidos, filmadoras.

Hay casos, como veremos con la autora con la que concuerdo, que, como he dicho citaré, con la cual, sin embargo, discrepo con tantas consecuencias que imputa a la globalización, pero que, con respecto a delitos, como estos, que son bastante comunes, hacen a la responsabilidad de o de los Estados. La autora desarrolla una teoría con respecto a las omisiones del Estado de Bienestar, mientras yo me reduzco al gendarme, en las funciones básicas. De modo tal que, si estamos de acuerdo con su modo de ver, como lo estoy parcialmente, en cuanto a responsabilidades se refiere, por parte de los Estados, con mucha mayor razón puede responsabilizarse a los organismos públicos y de contralor por una función meramente gendarme, donde el atraso tecnológico y la ignorancia en las modernas formas de comisión de los delitos, y sencillos como estos que estoy tratando en esta exposición, son de muy fácil control.

Adviértase que la autora hace enteramente responsable a los Estados por  los daños económicos que sufra el comercio, por la omisión ante el deber jurídico de actuar por el proceso de globalización y la informática.

LA CLAVE DE LA RESPONSABILIDAD DEL ESTADO Y DE LOS FUNCIONARIOS: "LAS DECISIONES POLÍTICAS PUNTUALES":

Sin perjuicio que esa autora, que citaré, habla de la responsabilidad del Estado, sus funcionarios por las decisiones políticas que adoptan y que afectan la economía a través de los procesos de globalización, es de mi opinión que la misma se extiende a los particulares que aprovechan situaciones de omisión y descontrol conforme he manifestado y respecto de los cuales meramente se "auto protegen" mediante cámaras filmadoras.

Sin estar de acuerdo con la visión de los efectos de la globalización obtengo las mismas conclusiones que la autora que transcribiré, si dejar de señalar que existen omisiones de los estados en cuanto a decisiones políticas puntuales, que nada tienen que ver con la vieja forma de comisión de delitos ( por ejemplo, robar con un arma y esconderse detrás de un árbol ). No, no se trata de ello.

He de transcribir, en consecuencia, a la autora Julia Elena Gandolla, la cual, no encuentra eximente de responsabilidad cuando las decisiones políticas, como consecuencia de la globalización, deben ser altamente dinámicas, y, por consecuencia, esquemas estáticos de organizaciones de espacios públicos, de actos delictivos y de quebrantos en la actividad comercial, deben determinarse siempre en función de su fuente, resultando, según su pensamiento, que, la responsabilidad por los actos omisivos habrá de nacer siempre que exista una política que no se encuentre al alcance del los tiempos actuales.

Entiendo, leyendo a dicha autora, que se está refiriendo a una amplia responsabilidad del Estado - y de los particulares - en todo sentido, salvo en aquellos hechos que han sucedido antes de la denominada "globaliación".

Creo que debe mirarse mas dinámicamente las responsabilidades a tenor de los momentos en los cuales el índice de delincuencia y drogadicción ha ido aumentando como consecuencia de la mencionada "globalización". Estoy de acuerdo con ella en torno a que no basta, en muchos casos, con el alegato de la "organización jurídica prevista" ( para prevenir el delito o las consecuencias económicas de la globalización de la que habla sobre la economía de las Naciones ), sino, que, en muchas ocasiones, por cierto, hoy, la mayoría, es deber del estado dejar de omitir en la decisiones políticas puntuales, no equivocarse y dotarse del equipamiento informático adecuado.

Sin perjuicio de ello, entiendo, que la misma previsión que puede tener el Estado, los gobernantes, los que explotan servicios en sitios públicos, como también los particulares que son víctimas de delitos, pueden prever la cuestión de la casi total falta de seguridad en muchos supuestos, para lo cual, "lo previsible", a mi entender, es para todos, salvo en casos como el del Ingeniero Blumberg, para dar un ejemplo--. Y delitos que no existían y fueron importados, que se cometen en espacios públicos, mas toda una tarea de disgregación de la escasa seguridad de nuestra Nación.

Por lo tanto y siguiendo a las ideas de esta autora habrá responsabilidad, y a mi juicio solidaria con las salvedades expuestas, cuando:

1.- Se trate de delitos que años antes de la globalización no eran de práctica.

2.- Se trate de los que se han incrementado inusitadamente o están escapando del control..

3.- Se trate de nuevos delitos o de nuevas modalidades de apariencia de los sujetos que cometen los mismos.

4.- Se trate de jóvenes autores que han importado modas de vestimenta, modo de hablar y de conducirse en la vida en términos generales, que, puedan indicarnos, que son formas extranjeras que han venido por importación a nuestro país por causa de la globalización.

No pretendo ser taxativo.

Esto, que he expuesto, es para dar un ejemplo. Entiendo que en todos estos casos, la omisión del Estado les hace pasible de todas las acciones por los daños y perjuicios ocasionados, lo mismo que la responsabilidad solidaria de los que aprovechan los espacios públicos donde estos delitos se cometen sin tener que exponer conforme a la vieja metodología, tanta demostración de antijuricidad y culpabilidad, bastando, en consecuencia, la falta de políticas adecuadas a estos desgraciados momentos modernos que estamos viviendo.

LA MODERNA DOCTRINA EN CUANTO A LA RESPONSABILIDAD DEL ESTADO FRENTE A LA OBLIGACIÓN JURÍDICA DE ACTUAR Y SU EXTRAORDINARIO PERO NECESARIO ALCANCE.

Así la autora parte de los siguientes conceptos:

"En el año 1989 MacLuhan y Powers nos advertían sobre los efectos de la red comunicacional mundial: la pérdida de privacidad del hombre robótico, la influencia de los países más desarrollados sobre los subde­sarrollados (y viceversa) y la licuación o laxación de los límites (tanto mentales como fiscos)'. Así nos decían que "los límites, como tales, son una forma de `ecumenismo' político, el lugar de encuentro de mundos y condiciones diversos" y afirmaban: "Para tener una identidad de alto perfil tanto nacional como políticamente, es necesario tener buenos y pocos límites políticos y culturales"'-. Y estos límites se estructuran no solo geográficamente. Es más, diríamos que hoy las fronteras geográfi­cas no tienen la misma importancia que otros límites, más visibles por su influencia y más invisibles por su indeterminación explícita y su cambio en función de los centros de poder.

    "La ficción narrada en Macbeth hoy se ve en la realidad. Allí se corría la frontera geográfica para invadir o achicar el reino', en nuestros días los límites se fijan, cambian o diluyen en función de intereses, ideas, poderes políticos, centros de presión social y económicos.

  "Tal vez tendremos que darle la razón a Sartori, cuando nos alarmaba al decir: "La alternativa de este escenario es la `nación de tribus' proyectada por Nimmo y Combs y fundada en la posibilidad de 'sepa­rarse y aislarse en función de grupos de ficción a los que nos afiliamos. El resultado es una nación de tribus, de personas que se relacionan sólo con afiliados con los que están de acuerdo [... ) y permanecen completa­mente ignorantes [...] de la múltiple realidad de los `otros' (1983, p. 218) [...] Y en ambos casos la cosa acaba en que entre el no place y el  my place, o bien cuando nos encerramos en tribus transversales de ficción, desaparece la `gran patria' -sea nación o Estado- a la que siempre le reclamamos protección".

"Lo cierto es que asistimos impávidos e impotentes a la tan mentada -y hoy tan real- globalización. ¿Puede frenarse, acotarse, desacelerarse, menguarse o impedirse? Desde Seattle, los "grupos antiglobalización" o "glohalifóbicos", luchan por ello, infructuosamente, por lo menos hasta ahora.

"Es que debemos hacer una clara diferencia entre la globalización que predecía McLuhan, y la que genera resistencia y oposición, tanto de los conocidos grupos no gubernamentales, como de los miles y miles de pobladores silenciosos del planeta. Y también, por qué no explicitarlo, de muchos o todos los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, aunque no lo puedan expresar a viva voz, por los riesgos que les pueda generar, teniendo en cuenta la dependencia económica que mantienen con los países poderosos del primer mundo.

"MacLuhan avizoraba la aldeanización del mundo bajo la influencia de la maraña comunicacional -que achicaba distancias y eliminaba el tiempo-; la unión del espacio visual con el acústico; el poder del robotismo global; la influencia, sobre gobiernos y ciudadanos, de las corporaciones de multiservicios con organizaciones electrónicas; el tiempo y el espacio sin división; la pérdida de la intimidad; la incidencia de la red de medios globales de comunicación; la transformación del espacio euclidiano (de planos y rectas), al espacio einsteiniano (de líneas curvas y naturaleza acústica, donde prima el eco); el cambio del hombre visual al hombre robótico teledirigido. Todo eso nos anunciaba MacLuhan a comienzos de la década de los '80, como imparable e inminen­te nuevo ordenamiento mundial. Inclusive se adentró también en algunas cuestiones políticas, derivadas de esta nueva era electrónica'.

    "Pero no avanzó sobre herramientas necesarias para que los países excluidos del círculo reducido del poder económico y político real de los poderosos del mundo, se defiendan de la manipulación y el dirigismo. MacLuhan creía que la interconexión entre el usuario y las corporacio­nes iba a funcionar y que el hombre iba a saber utilizar bien (o para el bien) las nuevas herramientas tecnológicas'.

"Pero el poder genera más ansias de poder, y la necesidad y la pobreza conspiran contra la solidaridad entre los pueblos.

"Entonces, los cambios económicos se deciden entre cinco países, pero inciden en todo el mundo. Cae la economía de un país y, como el efecto de la caída del castillo de cartas o de las tablitas de un juego (efecto naipe o dominó), se desmoronan las de los demás.

"La producción vive atada a las posibilidades de mercado externo y el comercio transita de acuerdo a los precios que se fijan en los países de los que importamos.

    "Se vive con la misma sensación que deben sentir los habitantes de "Gran Hermano". Somos vistos y oídos por todos, nuestras decisiones no trascienden, pero son vastamente conocidas, y desde "afuera" toman las decisiones sobre nuestros éxitos y fracasos. No es casual que los reality shows hoy tengan tanta audiencia, su único mérito (ya que carecen de guionistas y directores) es la muestra reducida de lo que pasa en el mundo con cada uno de nosotros.

"Esos son los dos extremos que generan la resistencia y la oposición, tanto de grupos no gubernamentales como también de algunos Estados que se encuentran influidos negativamente por la manipulación económica, en provecho propio, de los Estados más poderosos. La pérdida de la individualidad y la permeabilidad total a los avatares económico-fi­nancieros del resto del mundo, aparecen hoy como las banderas que concitan el interés de lucha "antiglobalización". Ya MacLuhan también lo decía: "los mas media producen `una supresión del espacio y del tiempo, que dejan de existir a velocidad eléctrica' 1... . El individuo privado no se siente cómodo en condiciones eléctricas. Está demasiado cercano a los demás individuos y pierde su identidad. Es un hombre en la multitud, no es nadie, y debe luchar para demostrar que es alguien`.

    "Esa pérdida de individualidad, de pertenencia, esa globalización que trascendió la esfera inicial de las comunicaciones y fue invadiendo todos los aspectos de la vida institucional y doméstica, no aparece únicamente con obvia exteriorización en las personas, como lo había observa­do MacLuhan. Los Estados y las empresas, también hoy están globalizados.

"El director del Programa de Cultura y Tecnología en The MacLuhan Institute, Derrick Kerekhove, en su paso por Buenos Aires, decía: "Las naciones están como apretadas por multinacionales que son sistemas autorregulados que en su parte interna están llevando a una especie de guerra o insurrección, quedando las naciones-Estado indefensas [...] La democracia se basa en la distribución y no en la concentración máxima del control de la información y su procesamiento, y ésta -la democracia ­ hoy depende totalmente de las tecnologías. Por eso las tecnologías están cambiando la democracia [...] En la edad de la Internet no hay una sola aldea global. Cada aldea es global, cada aldea en el momento que se conecta con la red Internet se convierte en global, y de hecho. cuando uno de nosotros nos conectamos con Internet nos convertimos en globales. Por eso todo el mundo es global, las aldeas son globales en ese sentido y esto en una condición totalmente nueva para la que no tenemos ni siquiera una semiología.`.

   "En realidad cada protagonista (individuo, empresa o Estado) interpreta la globalización según su particular interés, sobre todo en función de lo que pierde. De esa forma, la globalización tiene que ver con la apertura de las fronteras económicas en el mundo, o la red informática y satelital de comunicaciones, o la influencia de los acontecimientos culturales mundiales, o el interés social y político por las injusticias más allá de cualquier frontera, o la incidencia de las decisiones políticas trascendentales de un país hacia el resto.

    "Pero existe un punto central que, puede decirse, unifica las definicio­nes y las críticas, y concentra sin dudar las fundamentaciones sobre las causas: la esfumación de las fronteras estatales en relación a los acontecimientos trascendentales, sean del tipo que fueren (económicos, comunicacionales, socio-culturales, políticos, etc.).

    "En septiembre asistimos a una demostración de ello. El mundo vio y se conmovió con el ataque a las Gemelas en Nueva York. Al minuto de haber sucedido, ya el acontecimiento era observado por el resto del planeta. La guerra contra Afganistán, declarada por los EE. UU., es apoyada por numerosos países, que por dependencia económica, interés político o acuerdos de defensa firmados, hicieron suya una represalia

"El director del Programa de Cultura y Tecnología en The MacLuhan Institute, Derrick Kerekhove, en su paso por Buenos Aires, decía: "Las naciones están como apretadas por multinacionales que son sistemas autorregulados que en su parte interna están llevando a una especie de guerra o insurrección, quedando las naciones-Estado indefensas [...] La democracia se basa en la distribución y no en la concentración máxima del control de la información y su procesamiento, y ésta -la democracia­ hoy depende totalmente de las tecnologías. Por eso las tecnologías están cambiando la democracia [...] En la edad de la Internet no hay una sola aldea global. Cada aldea es global, cada aldea en el momento que se conecta con la red Internet se convierte en global, y de hecho. cuando uno de nosotros nos conectamos con Internet nos convertimos en globales. Por eso todo el mundo es global, las aldeas son globales en ese sentido y esto en una condición totalmente nueva para la que no tenemos ni siquiera una semiología.

 En realidad cada protagonista (individuo, empresa o Estado) interpreta la globalización según su particular interés, sobre todo en función de lo que pierde. De esa forma, la globalización tiene que ver con la apertura de las fronteras económicas en el mundo, o la red informática y satelital de comunicaciones, o la influencia de los acontecimientos culturales mundiales, o el interés social y político por las injusticias más allá de cualquier frontera, o la incidencia de las decisiones políticas trascendentales de un país hacia el resto.

    "Pero existe un punto central que, puede decirse, unifica las definiciones y las críticas, y concentra sin dudar las fundamentaciones sobre las causas: la esfumación de las fronteras estatales en relación a los aconte­cimientos trascendentales, sean del tipo que fueren (económicos, comu­nicacionales, socio-culturales, políticos, etc.).

     "En septiembre asistimos a una demostración de ello. El mundo vio y se conmovió con el ataque a las Gemelas en Nueva York. Al minuto de haber sucedido, ya el acontecimiento era observado por el resto del planeta. La guerra contra Afganistán, declarada por los EE. UU., es apoyada por numerosos países, que por dependencia económica, interés político o acuerdos de defensa firmados, hicieron suya una represalia ajena...

 

    "Las comunicaciones son fluidas, interconectando países y personas. Pero ello, más que ayudar en los momentos de crisis, atenta contra el rescate de los países en debacle, ya que permiten aún más la expansión de los efectos nocivos, anticipando el conocimiento para que las acciones de huida y especulación se produzcan aceleradamente, y hace que los límites de las economías sean tan difusos que a veces es imposible distinguirlos.

"Nunca se sabe de antemano si los organismos internacionales o los países poderosos van a socorrer a los necesitados, o si los van a dejar a merced de sus crisis. Nunca se sabe tampoco en qué medida los demás países van a poder salvaguardar sus economías, quedando al margen de las pendientes financieras ajenas, y se ignora cómo y a quién pedir ayuda, y cuándo va a parar la crisis. Las certezas se han diluido al mismo ritmo que las fronteras.

"En el afán de crecer y enriquecerse, tanto los países como las empresas no previeron acciones contra los efectos negativos de la globalización, no intentaron estrategias defensivas para protegerse de crisis ajenas y para lograr ayudas en las propias. Evidentemente pensaron que era la vía adecuada para el progreso. Esa falta de estrategias de oposición o defensivas hizo más fuerte y más rápida la internacionalización del sistema donde se unifican las reglas (apertura, desregulación, privatización), las tecnologías (libre comercio, comunicaciones satelitales, informatización), y las características (velocidad comunicacional, transferencia fácil de capitales, multiplicidad de opciones de mercado).

Antes teníamos divisiones patentes, políticas, territoriales, sociales, culturales y económicas. Se alzaban como el Muro, inspirando el respeto de los demás países hacia los polos referentes (EE. UU. y Rusia), y de éstos entre sí. El equilibrio se alzaba aun ante actitudes hostiles, mesurando reacciones y limando asperezas, para no sobrepasar los límites pautados de las diferencias, porque todos sabían que cualquier fisura podía ocasionar la guerra. Pero, debilitado un polo de poder (Rusia), la frontera fija y fría cayó y ya no se alzó ninguna otra tan previsible. Ahora no hay divisiones, sino por el contrario, uniones o conexiones que se entrelazan.

No solamente coadyuvó la red comunicacional mundial en el efecto de la globalización, porque en definitiva esa causa no se encuentra imputada de otro efecto negativo directo que el de la pérdida de la intimidad (entendiéndola en sentido amplio, desde el punto de vista de las vidas particulares privadas, hasta el campo económico, inclusive;

   "...hoy candente las inundaciones en las Provincias de Buenos Aires, sur de Santa Fe, sur de Córdoba y algún sector también de La Pampa. En esa zona se inundaron cinco millones de hectáreas productivas. Esto varió totalmente las previsiones optimistas del gobierno sobre la cosecha agrícola, que había anunciado a principios de septiembre que iba a llegar a las 73 millones de toneladas, superando así las 67 millones de toneladas de la cosecha récord anterior".

   "El tema de la fuga de capitales que es, a la vez, una consecuencia del riesgo  país argentino, y también una de las causas que lo provoca, es un problema mundial. Por esto es que, en nuestro país, donde las inversiones locales no alcanzan para insuflar vitalidad suficiente a la producción, aparecen como imprescindibles, tanto la captación de capitales foráneos como la estabilidad de los que ya están. Por ello, el fácil traslado de capitales y la emigración de inversiones, en Argentina, presenta consecuencias negativas alarmantes.

     "El Poder Ejecutivo Nacional, por intermedio de la Cancillería, tiene varios frentes de negociación para lograr mejorar los acuerdos comerciales que vuelvan a impulsar las exportaciones argentinas: el multilateral, en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC); el regional, en y desde el Mercosur; las negociaciones directas con los principales países importadores de productos argentinos (con los EE. UU., la Unión Europea, etc.), y el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas).

"El tema central en estas negociaciones es luchar por la eliminación de los subsidios a las exportaciones y mejorar el acceso a los mercados con bajas sustanciales en los aranceles", y modificaciones en el sistema arancelario en general, implementando el escalonamiento arancelario y un aumento en los aranceles cero.

"Para lograr cierta estabilidad en los capitales, deteniendo la especu­lación internacional y el proceso salvaje de globalización financiera, existen mecanismos como "la Tasa Tobin", que fue aplicada en Canadá y que en nuestro país fue propuesta por algunos legisladores, que permitiría regular medianamente el capitalismo y el libre mercado.

Lo cierto es que en este último año hemos presenciado una curva declinante en lo económico, y observamos daños ciertos y concretos a la industria, el comercio y la producción en general.

"El fabricante que queda sin mercado de colocación en el exterior porque nuestros productos son más caros; los créditos más onerosos, que impiden inversiones; la baja en la demanda interna de productos argen­tinos, ante el indiscriminado ingreso de los extranjeros más baratos; la baja en las exportaciones, por los productos subsidiados en el exterior, por la cancelación de las operaciones por la aftosa o por medidas de política de salud (contra los productos transgénicos, por ejemplo); las pérdidas por falta de políticas de expansión y convenios de intercambio, entre otras consecuencias, son sólo unos pocos ejemplos de perjuicios que, hoy y en este país, está sufriendo quien produce o vende.

"¿Qué puede hacer el damnificado, a quién puede reclamar la compensación o resarcimiento a su perjuicio? Ante las múltiples causas, la diversidad de efectos nocivos y la globalización que diluye -y también apaña- responsabilidades, tenemos, parcial o total, la responsabilidad del Estado.

    "La responsabilidad del Estado

 "EL Estado no puede ya argumentar que la globalización es un fenómeno desconocido y sorprendente. No puede ya sostener que sus efectos son total y absolutamente imprevisibles. El caso fortuito y la fuerza mayor ya no pueden invocarse ante la falta de previsión.

"El Estado es quien lleva adelante las negociaciones internacionales, quien traza las políticas económicas que inciden directamente en los créditos, la especulación, la inversión e, indirectamente, en la producción, el comercio y el consumo. Es el Estado quien puede detener el contrabando, fiscalizar las medidas sanitarias para evitar males como las plagas o la aftosa. Es también el Estado quien puede realizar las obras necesarias para que la producción no se pierda, como pasa con las inundaciones.

    "Ante la falta de acciones concretas y puntuales, previsoras, protectoras, estratégicas, que contrarresten o aminoren, al menos, las consecuencias dañosas, nos encontramos, claramente, en una responsabilidad por inacción.

    "La responsabilidad del Estado por omisión, o por la falta de servicio, escapa a la regla específica de las obligaciones contractuales o extracontractuales del ente público y también se aleja de los supuestos en que responde por la conducta de sus funcionarios y dependientes. Aunque podremos encontrar casos en los que la brecha se achique, o que las obligaciones se encuentren superpuestas unas con otras, ya que pueden no excluirse entre sí.

    "La responsabilidad por omisión ha recorrido en la evolución jurídica (doctrinaria y jurisprudencia¡) de nuestro país un largo camino, hasta poder decir hoy que se encuentra incuestionada, permitiendo imputar al Estado cuando la falta de servicio o las inacciones ocasionan perjuicios a los particulares`.

    "Si bien en algunas ocasiones se ha permitido utilizar la "omisión" en forma indistinta a la "falta de servicio", no son en realidad dos caras de la misma moneda. Puede decirse que la primera es el género y la segunda es la especie, que coinciden en un aspecto esencial para relacionarse: una ausencia de conducta o actividad en un sentido o dirección, por parte de la administración. Puede haber omisión sin falta de servicio o sin que se haya producido un perjuicio cierto por la carencia de una política o acción ajustada al momento. Pero seguro es que si existe un perjuicio, derivado de una conducta que no se llevó a cabo, de una negociación no resuelta, de una inversión no obtenida, de una tratativa no alcanzada, de una política estratégica no prevista, de la ausencia o suspensión de un servicio, habrá una conducta omisiva de la administración-.Ello obedece a la especificación clara y precisa que representa el "servicio" dentro del Estado y porque, evidentemente y fuera de toda duda, no toda la temática que abarca el accionar del Estado es "servicio", aunque admitamos que por una razón de generalización terminológica se utiliza dicho término para hacer referencia a aquellas acciones o conductas que son debidas por parte del Estado hacia los particulares, en cumplimiento de sus funciones específicas.

   "Si tomamos al término "servicio" en forma amplia, comprensiva de todas las conductas que el Estado, en su rol constitucional de decidir las políticas públicas y dirigir la economía nacional, la falta de acciones es, ni más ni menos, que una carencia de "servicio".

   "Si se objeta la amplitud dada al término, también veremos, indudablemente, que la falta está en la ausencia del cumplimiento de la función que le compete, en forma exclusiva y excluyente, de acuerdo a las normas constitucionales.

    "Igualmente, con la atribución de responsabilidad por los casos de conductas lesivas provenientes de funcionarios o dependientes del Estado, por aplicación del artículo 1112 del Código Civil, se llega a la misma conclusión cuando esa conducta del agente es omisiva. Aun cuando no encontremos individualizada la persona que debía hacer y no hizo. Teniendo en cuenta la lógica dificultad que existe por lo general para individualizar al sujeto obligado en la administración pública".

     "De la primigenia responsabilidad del Estado, únicamente en casos de "acciones" o "conductas" dañosas se ha llegado a abarcar también a la falta o ausencia de actividad, como presupuesto válido del factor de atribución.

    "Igualmente, de la inicial antijuridicidad nacida de la violación a una obligación legal específica, se ha llegado a la interpretación más amplia de que, aun sin una puntual y concreta omisión a una disposición normativa (ley, decreto, reglamentación, etc.), cualquier ausencia de una actividad atribuida al Estado en cumplimiento de sus funciones, confor­me a la distribución y asignación de competencias establecidas en nuestro Estado de Derecho por la Constitución Nacional, constituciones provinciales y leyes que en su consecuencia se dicten, que origine un perjuicio, genera la responsabilidad estatal. Porque si existe una obligación de prestar un servicio, ejercer una competencia asignada, garantizar algún derecho, realizar una garantía, concretar las negociaciones inter­nacionales, fijar las políticas públicas, el Estado no puede excusarse en la ausencia de norma específica. La misma competencia y función indelegable lo obligan a dictarla o a arbitrar lo necesario para su realiza­ción o efectivización.

    "Entonces, a falta de una norma específica que indique la obligación concreta de hacer, se deberá buscar la competencia o función que comprenda esa obligación a la luz de las normas fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico y, dentro de ellas, si aparece la conducta como impuesta, no sólo por la ley, sino por la razón, el estado de las cosas, o lo debido de acuerdo a la recta conducta esperada de los hombres probos'".

    "Así en el X Encuentro de Abogados Civilistas realizado en Santa Fe en agosto de 1997, la Comisión N° 2 aprobó las siguientes conclusiones: "3. Hay omisión antijurídica del Estado y de sus funcionarios y empleados cuando incumplen o cumplen de un modo irregular los deberes jurídicos que les son impuestos. 4. La administración pública debe ejercer su poder de policía. Cuando aparece omitido, la conducta de sus agentes se encuentra dentro del campo de la ilicitud. 5. La responsabilidad del Estado sólo existe frente a deberes jurídicos `reglamentados', no así respecto de los discrecionales".

     "Me atrevo a discrepar, sobre este último punto, ya que la falta de "reglamentación" puede ser una valla para peticionar un beneficio, como se ha invocado en el caso de expresiones constitucionales sin disposiciones legislativas obligatorias o previsiones presupuestarias ciertas, como la "vivienda digna", por ejemplo. Pero ante un perjuicio concreto, nacido de una ausencia de acción, de una conducta no realizada, de una herramienta política no utilizada, que es privativa del Estado y cuya solución no está al alcance de los particulares, no puede argumentarse la "falta de reglamentación". Por lo cual entiendo que ese punto resuelto en el Congreso debió haber sido acotado, explicando sus alcances.

    "Entonces, concretamente, ante un perjuicio producido a particulares, en violación a derechos que debían haber sido protegidos por el Estado o en incumplimiento de servicios debidos por éste o en ausencia de prestaciones que debió él mismo proveer, deberemos analizar puntual­mente si existe por parte del Estado un deber (le obrar originado en la esfera de su competencia.

"Las demandas contra el Estado se han incrementado en los últimos tiempos. Los ciudadanos aceptan cada vez menos a un Estado ausente, pasivo, prescindente.

     Al principio de la ola imparable de privatizaciones y la política neoliberalista del libre mercado, se aplaudía la ausencia del Estado en aquellas actividades que el pueblo había catalogado de "deficientes" y, ante el "aplazo" se miraba con esperanza el avance de los sectores privados. Se creía también que el libre juego de la oferta y la demanda, y la actividad privada en todos los órdenes, bastarían para resolver los problemas económicos y financieros. Pero no fue así y hoy sabemos que las funciones y el rol que debe cumplir el Estado no puede ser suplido por los particulares, por más importantes que sean las empresas o las organizaciones.

     "Ante servicios y funciones prestadas deficientemente por empresas privadas, o en ausencia de la satisfacción de necesidades que debían ser atendidas, los ciudadanos encontraban clausurada la vía de reclamo contra el Estado. Así también, ante los efectos negativos de la globalización, como consecuencia de la ausencia de acciones políticas puntuales, estrategias públicas no definidas y decisiones económicas no con­cretadas, el sector privado se encontró ante la "responsabilidad global" y la inexistencia de un canal que permitiera exigir al Estado una reparación.

   "Surgió entonces la también imparable conciencia de los ciudadanos de que los poderes públicos no podían permanecer totalmente en las sombras, prescindentes y autistas. Ello permitió que el otrora Estado ejecutor se convirtiera en un Estado de control y de decisiones políticas responsables. Y los reclamos de los damnificados fueron otra vez dirigidos contra el Estado, ahora no por cumplir una función en forma irregular, deficiente, dañosa, sino por la falta de control o inacción. Es decir, por la "omisión" en el cumplimiento de la tarea que le quedó reservada, política, económica, diplomática, legislativa.

     "Esa conciencia ciudadana también fue apuntalada por el desarrollo que, en la última época, han tenido los derechos de los ciudadanos personalísimos, sociales, económicos y culturales en general, en cuanto a la legislación, información, incremento de organizaciones de­dicadas a su protección y el aumento de los fallos judiciales a favor de los mismos. Es real el incremento de la red de organizaciones responsables, tanto de actividades, como de desarrollos y cambios, aumentando también, en cantidad, calidad y velocidad, la información hacia los consumidores. Se han creado redes solidarias de defensa, organizaciones no gubernamentales, que se erigen en defensa de las personas que se sienten perjudicadas por las otras empresas u organizaciones, también no estatales, que hoy detentan el poder de acción y dirección de la economía de bienes y servicios.

    "La globalización nos permite acceder a la información de las acciones que llevan a cabo las organizaciones en otros países, asesorándose entonces debidamente y obteniendo también apoyo del exterior, para llevar a cabo acciones conjuntas. Los globalifóbicos se unieron a través de las redes de internet y pregonan los perjuicios del poder global de unos pocos países, en perjuicio del resto del mundo.

"Tanto si entendemos a la responsabilidad del Estado con un criterio general, en defensa de todo daño injusto, provenga de quien provenga, sea persona pública o privada, o si miramos las obligaciones del poder público con una óptica especial, pero siempre iusprivatista, o finalmente si nos alejamos del Derecho Privado y encuadramos la responsabilidad dentro del Derecho Público, siempre podremos direccionar las demandas de los ciudadanos, cuando existe el perjuicio y su causa puede hallarse en un acto o conducta omisiva del Estado.

"Porque el fundamento de la responsabilidad por omisión nace de la Constitución Nacional, por aplicación del artículo 19, que - interpretado a contrario sensu- dice claramente que todo perjuicio a un tercero debe ser juzgado, así como también contempla las omisiones, ya que la expresión "acciones privadas de los hombres" debe interpretarse como aquellas que no se exteriorizan, que quedan en el interior de las personas. Por lo tanto, estamos hablando de las acciones que "se omiten" y que causan un perjuicio.

"Se esperaba una conducta, que no "exteriorizó", por lo tanto su omisión es tan exterior o pública --por decirlo de alguna forma- como la que correspondía realizar, quedando excluida del ámbito de reserva del artículo 19 de la Constitución Nacional.

"Tanto Ekmekdjian como Bidart Campos, admiten que la exclusión del artículo 19 no refiere exclusivamente a las conductas interiores del hombre, sino a todas las acciones y situaciones aun exteriores, que no ofendan al orden público, a la moral pública o a los derechos de terceros, es decir que "sean exclusivamente «autorreferentes»'.

      "En el Derecho Civil, Mosset Iturraspe nos recuerda que, en principio, todo daño es injusto y debe ser resarcido, por violación al principio de naeminen laedere  y aplicación a contrario sensu del artículo 19 de la Constitución Nacional-. Porque, si insertamos estos tipos de daños en las características y requisitos generales de los daños extracontractuales normados en nuestro Código Civil, no podemos dejar de lado la más moderna visión de la responsabilidad civil y así "es con esta visión que en nuestros días no estamos dispuestos a soportar ciertos daños que sólo hace algunas décadas considerábamos fruto de la fatalidad"'-`'.

"Es por todo lo dicho, basado en el artículo 19 de la Constitución Nacional, así como en todos los artículos referidos al estatuto de los derechos y deberes de las personas, así como los de los tratados internacionales con jerarquía constitucional luego de la reforma de 1994, en caso de perjuicio ocasionado a las personas, tanto en la esfera individual corporal (físicos, psíquicos, etc.), como en el ámbito patrimonial, que puede demandarse su resarcimiento'. En tal sentido allí encontramos claras manifestaciones de que no únicamente estamos sometidos a la ley formal.

    "Aplicando sencillamente un razonamiento lógico, podemos observar que acción y omisión son dos caras de una misma moneda. Una conducta antijurídica es aquella que incumplió el deber de omitir acciones que el orden jurídico prohibía, que actuó cuando su obligación era omitir (inacción), y quien omite una conducta causando con ello un daño, es porque no realizó la "conducta debida" que el ordenamiento jurídico exigía, en las circunstancias dadas.

   "Ante esto no podrá argumentarse que la conducta debida, no se encontraba "reglamentada". ¿Cómo reglamentar que hay que abrir mercados internacionales, negociar para que se supriman las medidas protec­cionistas de otros países, tener estrategias claras para responder a las crisis foráneas, decidir si se devalúa o se emiten bonos, bajar los aranceles para facilitar la colocación de productos en el exterior, etcétera? ¿Qué reglamentación sería la adecuada? ¿Cuántas reglamentaciones habría que dictar: la de época de crisis, la de estabilidad, la de producción, o más?

      "Si el Estado diseñó una política exterior que creyó adecuada y respondió a las crisis globales con eficiencia, más allá de los aciertos y fracasos, podrá sostenerse que se previó una respuesta. La responsabilidad es, en este caso, de medios y no de resultado. Porque las consecuencias no responden únicamente a las acciones de nuestro Estado, sino que están atadas a las conductas del resto del mundo. Entonces se explicará claramente, qué acciones se instrumentaron, detallando todas las decisiones y fundamentando así, que no existió omisión alguna, sino fracaso en las conductas elegidas.

    "Pero si no hay decisiones tomadas, habrá indudablemente omisión responsable y, consecuentemente, daño resarcible. En un mundo global lo que no puede ni podrá nunca más excusarse, es la imprevisión. Por lo cual, estamos ante la presencia una nueva consecuencia de la globalización, la responsabilidad por la falta de previsión."

Las negrillas son mías.

LA RESPONSABILIDAD DE LOS PARTICULARES:

Las concesionadas, las habilitadas, que pueden prever la factibilidad de delitos, no pueden excusarse en la delegación que los estados les prestan. Pues la confianza a los entes no los exime del debido autocontrol cuando se encuentra en sus posibilidades la evitación de estos delitos modernos. Por lo que serán responsables, en ese caso, de manera solidaria.