LA FRUSTRACIÓN CONTRACTUAL - CONTRATOS TERMINADOS - LIBERACION DEL DEUDOR - CONTRATO IMPOSIBLE - CONTRATO CUMPLIDO - CONTRATO IMPOSIBLE DE CUMPLIR - CONTRATO CUMPLIDO POR UN TERCERO - CONTRATO CONSEGUIDO - PAGO CONSEGUIDO - CONTRATO INUTIL - CUMPLIMIENTO

LA FRUSTRACIÓN CONTRACTUAL.

Por el Doctor Juan Carlos Muse Generch

 

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A menudo se dice que los contratos se incumplen, que hay mora, que hay demora, o bien que me deben pagar, hacer o no hacer, exactamente lo convenido.

Esto es una inexactitud cuando hablamos de contratos.

Los contratos se componen de elementos que han tenido las partes al momento de celebrarlo. Y esa es la intención. O sea el objeto, el “qué querían”, los co contratantes al momento de celebrarlo.

Cuando ese “que querían” es un imposible, estamos hablando, un poco, de un contrato de ejecución inexistente. Y si es de ejecución de inexistente. Punto no sirve absolutamente para nada.

No se puede pretender lo que no se tiene o lo que es imposible de conseguir. Se puede reprochar, sí, por supuesto, la falta de diligencia de uno de los contratantes con respecto al otro, pero el contrato quedó frustrado. La acción legal, en consecuencia va a ir al reproche por la falta de diligencia del otro contratante.

 

Por lo general en este tema hay que tener particular cuidado. Puesto que los contratos necesitan de una actividad doble, por un lado, la del acreedor, coadyudando a que resulte posible la ejecución. Y por el otro el la actividad del deudor. En general estas dos actividades van asociadas, resultando excepcional, que no exista ninguna actividad a desarrollar por el lado del acreedor. Por ejemplo, si se trata de la obligación asumida de “dar” alguna cosa, el acreedor debe estar y poner a su disposición su fuerza para recibirla.

 

Aunque esto parezca una tontería desde el punto de vista del sentido común ocurren muchas veces, incorrectas prácticas, desde que se suele utilizar como lugar de pago el propio domicilio del acreedor. A veces, se deja el teléfono o el estudio del abogado.

 

Y esto puede traer inconvenientes. Resulta así, que se pone en tela de juicio, se afirma durante un proceso judicial, que el deudor ha llamado telefónicamente al estudio del abogado o al domicilio del acreedor ¿Qué dijo? Nunca se sabe.

 

Que el abogado no se encontraba en el lugar. O que fue varias veces al domicilio del acreedor o del abogado y no encontró a nadie. Luego se ofrecen testigos para demostrar lo dicho ( normalmente falsos ). El proceso así se complica. La entrega siempre es mejor delegarla a mas de una persona, y ello insertarlo en la hoja de papel que denominan contrato. De manera que el acreedor, no pueda alegar estos argumentos.

 

Entiéndaseme bien, estoy hablando de lo conveniente para que, en el supuesto caso de un juicio, sea más nítido el resultado. Y obviamente, el deudor, sabiendo que no puede escudarse en los mencionados argumentos, pague y no sea necesario un proceso judicial en su contra.

 

Suele argumentarse como causales de frustración de los contratos el caso fortuito y la fuerza mayor.

Se suele denominar “caso fortuito” el que no ha podido preverse.

Y “fuerza mayor” al que pudiéndosele prever, no ha podido evitarse.

 

Es muy difícil encontrar en los fallos de nuestros tribunales, la alusión conjunta a ambos casos, puesto que, como son cuestiones de hecho, los abogados las plantean una en subsidio de la otra para defender al cliente, por lo que, los tribunales se expiden respecto a esas dos defensas. Es mas el art. 45 del Código Civil Chileno, unifica ambos institutos.

 

Pero los contratos suelen frustrarse por otras razones que no son las expuestas. Y eso pone en peligro el litigio. Siempre estamos hablando de cuestiones de hecho a verificar por los jueces, por lo que se añade otro peligro, el “sentir” del juez, respecto de si determinado hecho constituye caso fortuito o fuerza mayor.

 

La frustración puede obedecer a un fin del contrato, cuando el mismo, por ejemplo, pierde su sentido señala el autor José Mosset Iturraspe.

Tenemos por ejemplo cuando ya no satisface la necesidad del acreedor o porque el acreedor ha alcanzado su objetivo por otros medios.

 

No suele plantearse en los tribunales esta defensa siendo muy útil a la hora de responder a una demanda.

 

Para que un contrato “persista” debe existir un interés, un interés real, dicho interés es la medida en el que el Derecho le da cabida a la acción legal.

 

El trabajo como elemento creador del hombre tiene una doble composición: objetiva y subjetiva. Subjetiva en la medida en la que, la persona humana, se siente atraído por lo que hace, digamos que gusta de lo que hace. Objetivo es el componente del activo patrimonial. Estos cuadros psíquicos no son, habitualmente, alegados ni en las demandas ni en los respondes a las mismas.

 

Son de muy difícil determinación y prueba y tienen un sentido de enriquecimiento a costa del deudor.

 

Tampoco forman parte casi nunca del contenido del papel que conforma el contrato escrito.

 

Situaciones donde lo neto es lo patrimonial, se darían por ejemplo, si debiera suministrar galletitas a un supermercado de una marca determinada, que en los demás ha dado un resultado deprimente desde lo económico. Pero entrego otras, de otra marca que sí tienen muy buena salida y le dieron gran éxito a mi acreedor.

 

¿Qué corresponde decidir? No hay caso fortuito, fuerza mayor. En definitiva, tampoco existe un interés medida de una acción judicial.

 

En primer lugar corresponde utilizar este argumento y probarlo como elemento defensivo y hacerlo lo mejor posible.

 

El citado autor enumera la resistencia en la aceptación de motivos frustrantes que no constituyen caso frortuito o fuerza mayor. Nos señala:

“Tratemos de enumerar algunos de los aspectos conflictivos:

“a) La frustración del contrato carece de un perfil propio, aparece como un entremezclado de ideas y doctrinas.

Dice que “Esta crítica encuentra sentido y razón en la medida en que se trata de una noción en formación, no entera y definitivamente perfilada; así mismo, le otorga fuerza al hecho de originarse en un sistema jurídico, como el inglés, diferente a la base romanizada; por lo demás participa de las imprecisiones de otros conceptos contractuales, como los de objeto y causa, con los cuales está muy relacionada. Ocurre, finalmente, que la idea de frustración, como tantas otras ideas, se ha ido formando sobre la base de otras nociones; sin dejarlas entreamente de lado, sino, mas bien, superponiendo algunos aspectos nuevos a los ya conocidos”

 

“b) Pone en gravísimo riesgo la seguridad jurídica, al brindar un pretexto fácil para escapar a la pacta sunt servanda, al cumplimiento fiel de la palabra empeñada.

Agrega de esta crítica que, quienes la sostienen afirman que “La dialéctica es: cumplimiento fiel v. frustración. ¿Puede sostenerse que hay en el mercado una categoría de agentes que están, frente a cualquier evento, por el cumplimiento y otra categoría por la frustración?. Esta es una cuestión merecedora de investigación. Los industriales,, comerciantes, proveedores de bienes y servicios ¿engrosan la nómina de peticionantes de frustración? O, por el contrario ¿Son los consumidores los que bregan por la revisión?. O más allá de una y otra tesis ¿son indistintamente unos u otros, según las circunstancias del caso? La confrontación suele expresarse oponiendo la “pacta sunt servanda” o la antigua “rebus rec stantibus”, fórmula que destaca que el deber de cumplir no es absoluto sino condicionado al momento del pago, de las circunstancias existentes al asumir la obligación”

 

c) Pretende cargar sobre las espaldas de la contraparte o repartir un riesgo propio de todo negocio, como es que no resulte bueno, que fracase.

 

A esta crítica ha dicho el mencionado autor refiriéndose a la misma: “Los negocios se hacen para ser cumplidos”, se afirma contra viento y marea, cualesquiera sean las circunstancias sobrevinientes, salvo, como veremos luego, el caso fortuito. La frustración es un riesgo dado, pone las consecuencias en las espaldas del titular del interés, de donde no es que este sea frustrado sino que ve ocurriendo el riesgo y debe soportar el perjuicio.”

 

A las críticas debe responderse lo siguiente:

a)    A la primera, debe señalarse que las frustraciones contractuales están íntimamente ligadas a los intereses de las partes, los cuales son tenidos en miras al momento de contratar. Al respecto el art. 1198 del Código Civil señala que “Los contratos deben celebrarse, interpretarse y ejecutarse de buena fe y de acuerdo con lo que verosímilmente las partes entendieron o pudieron entender, obrando con cuidado y previsión” Si un contrato no tiene ya sentido ejecutarlo ¿De qué buena fe podemos estar hablando?

 

A la críticia b) respondo: El brindar un pretexto fácil, es una cuestión de buena o mala fe durante un proceso judicial para invocar la frustración. Pero pretextos fáciles de invocar en un litigio, hay miles en este mismo momento. Pone a los consumidores como los eventuales defensores de esta noción, cuando todos somos consumidores. Y respecto a las “circunstancias existentes al asumir la obligación”, esto es, las variaciones que, pueden producirse en el mercado, por ejemplo, no involucran que, de todas maneras, salvo la señalada, el acreedor tiene derecho a la ejecución del contrato. Alienta por lo tanto, esa crítica, al litigio y lo convalida de cualquier manera.

 

A la crítica c) respondo: Que no hay espaldas de la contraparte que carguen con las consecuencias de lo que se dice incumplimiento cuando no existe interés alguno en la ejecución del contrato.

 

La mayor parte de las defensas en el orden civil se basan en el concepto establecido en el Código Civil en cuanto señala:

ARTICULO 513 - El deudor no será responsable de los daños e intereses que se originen al acreedor por falta de cumplimiento de la obligación, cuando éstos resultaren de caso fortuito o fuerza mayor, a no ser que el deudor hubiera tomado a su cargo las consecuencias del caso fortuito, o éste hubiere ocurrido por su culpa, o hubiese ya sido aquél constituido en mora, que no fuese motivada por caso fortuito, o fuerza mayor.

 

Afortunadamente el concepto de frustración del contrato es cada vez mas receptado por la jurisprudencia de nuestros tribunales conjugando varios artículos del Código Civil.

 

La doctrina más reciente ha tendido un puente entre este instituto y la frustración al admitir, con auxilio de la buena fe en la ejecución del contrato -nuestro artículo 1198, segunda parte-, la eximente de "imposibilidad relativa”. A través de la buena fe se produce un ensanchamiento del hecho liberatorio configurado por la imposibilidad, en tanto que juntó a la imposibilidad estricta de la prestación vienen en consideración todos aquellos supuestos en que, con arreglo a la valoración de buena fe de las circunstancias del contrato, el esfuerzo requerido al deudor para cumplir, sobrepasaría el límite de lo exigible, de forma que la exigencia por el acreedor del cumplimiento en estos casos se califica como desleal, incorrecta o abusiva.

 

Con fundamento en la equidad, se ha resuelto, a modo de ejemplo, que en una demanda por daños y perjuicios por pérdida de valor venal, siendo ese el objeto del litigio, se haya admitido como pretensión el costo de las reparaciones.

 

Vale decir, que aún, cuando en un proceso judicial determinado lo que se discute es algo específico materia de debate entre las partes, por equidad el juez puede resolver algo que no ha sido materia de dicho debate, con el objeto de resolver lo que le resulta justo.

 

Varios son los artículos del Código Civil en los que se han basado para llegar a estas soluciones conjugando a los mismos para llegar a soluciones equitativas:

 

El art. 888 del Código Civil que dice: “La obligación se extingue cuando la prestación que forma la materia de ella, viene a ser física o legalmente imposible sin culpa del deudor”

 

También el art 954 del Código Civil que señala que “Podrán anularse los actos viciados de error, dolo, violencia, intimidación o simulación.

“También podrá demandarse la nulidad o la modificación de los actos jurídicos cuando una de las partes explotando la necesidad, ligereza o inexperiencia de la otra, obtuviera por medio de ellos una ventaja patrimonial evidentemente desproporcionada y sin justificación.

“Se presume, salvo prueba en contrario, que existe tal explotación en caso de notable desproporción de las prestaciones.

“Los cálculos deberán hacerse según valores al tiempo del acto y la desproporción deberá subsistir en el momento de la demanda. Sólo el lesionado o sus herederos podrán ejercer la acción cuya prescripción se operará a los cinco años de otorgado el acto.

“El accionante tiene opción para demandar la nulidad o un reajuste equitativo del convenio, pero la primera de estas acciones se transformará en acción de reajuste si éste fuere ofrecido por el demandado al contestar la demanda.”

 

Y mas que importante es el art. 1198 segunda parte del Código Civil, que ya señala:

“En los contratos bilaterales conmutativos y en los unilaterales onerosos y conmutativos de ejecución diferida o continuada, si la prestación a cargo de una de las partes se tornara excesivamente onerosa, por acontecimientos extraordinarios e imprevisibles, la parte perjudicada podrá demandar la resolución del contrato. El mismo principio se aplicará a los contratos aleatorios cuando la excesiva onerosidad se produzca por causas extrañas al riesgo propio del contrato.”

 

Los clásicos establecieron mas críticas a la teoría de la “frustración del contrato” indicando:

e) La posibilidad de traer tardíamente cuestiones no ventiladas en la negociación, aspecto propio de uno de los celebrantes, cuestiones personales, que son por lo normal, intrascendentes respecto de la eficacia del contrato.

f) Que la novia sea abandonada por el novio, el día anterior a la boda, no es un tema que interese a la modista… etc.

 

En suma se trata de meras conjeturas o futurismo, adelantando además que un juez puede ser engañado. Actualmente puede serlo, con la normativa vigente, como en la década de los 60, 70, 80, etc.

 

También hay que apelar a la teoría del error en forma conjunta para arribar al complejo de la frustración, como se nota en el art 925 del Código Civil, el cual dice: “Es también error esencial y anula el acto jurídico, el relativo a la persona con la cual se forma la relación de derecho”

 

O el art. 926 Código Civil, el cual señala: “El error sobre la causa principal del acto, o sobre la cualidad de la cosa que se ha tenido en mira, vicia la manifestación de la voluntad, y deja sin efecto lo que en el acto se hubiere dispuesto.”

 

El art. 927 del mismo cuerpo legal que señala: “Anula también el acto, el error respecto al objeto sobre que versare, habiéndose contratado una cosa individualmente diversa de aquélla sobre la cual se quería contratar, o sobre una cosa de diversa especie, o sobre una diversa cantidad, extensión o suma o sobre un diverso hecho.”

 

Y finalmente los arts. 928 que señala que “El error que versare sobre alguna calidad accidental de la cosa, o sobre algún accesorio de ella, no invalida el acto, aunque haya sido el motivo determinante para hacerlo, a no ser que la calidad, erróneamente atribuida a la cosa, hubiese sido expresamente garantizada por la otra parte, o que el error proviniese de dolo de la parte o de un tercero, siempre que por las circunstancias del caso se demuestre que sin el error, el acto no se habría celebrado, o cuando la calidad de la cosa, lo accesorio de ella, o cualquiera otra circunstancia tuviesen el carácter expreso de una condición.”

 

Y el art. 929 – “El error de hecho no perjudica, cuando ha habido razón para errar, pero no podrá alegarse cuando la ignorancia del verdadero estado de las cosas proviene de una negligencia culpable.”

 

En el ámbito comercial en el que cada vez estamos mas inmersos, y mas especialmente en el tecnológico, la velocidad contractual, y la vejez que adquiere rápidamente la tecnología – como lo sería el convenio por una computadora que data de 10 años atrás, HARÍAN SIN DUDA ALGUNA PERMITIR LA ALEGACIÓN DE FRUSTRACIÓN DE CONTRATO POR INEXISTENCIA DE INTERÉS ESPECÍFICO.

 

LO QUE DEBE SER ALEGADO EN EL ESCRITO DE DEFENSA, PROBARLO LO MÁS ACABADAMENTE POSIBLE, ASÍ, COMO, SI ES POSIBLE, LA INTENCIÓN DEL ACREEDOR, DE ENRIQUECERSE A COSTA DE SU DEUDOR.